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Sáb, Dic
12 minutos de lectura ( 2424 palabras)

Participación de las armas españolas en el exterior

 
No son tareas para soldados pero estos son los únicos capaces de realizarlas
Dag Hammarskjold
 
Como se viene a decir en el documento núm. 3 del Foro de la Sociedad Civil "nunca España había realizado un esfuerzo militar tan permanente en el tiempo y con una voluntad política de implicación tan continuada como lo viene haciendo con sus Fuerzas Armadas en el exterior de sus fronteras... esfuerzo poco conocido fuera de los círculos diplomáticos militares y académico..... la sociedad civil en general no es consciente de la transcendencia de las operaciones que se realizan, ni es para ella fácil diferenciar su tipología o discriminar entre el papel que desempeñan en ellas las Fuerzas Armadas y el componente civil, o sobre la normativa que guía las operaciones y los principios legales y éticos con los que se enfrenta."
 
Tanto la clase política como los medios de comunicación se esfuerzan por presentar y airear con todo lujo de detalles las tareas de ayuda humanitaria y protección civil que realizan nuestros militares lo cual no deja de ser encomiable pero en cambio tratan por todos los medios de ocultar, con un especie de falso pudor las acciones de combate que realizan en el desempeño de su misión fundamental y para las que están organizadas y preparadas, los riesgos que afrontan y las razones de su intervención. La Defensa debe ser comprendida y apoyada por la sociedad de la que las FAS forman parte, debiendo estas sentir en todo momento que actúan en cumplimiento de lo que su patria, su propio pueblo les encomienda a través de su gobierno. Para ello es imprescindible que exista una activa y acertada política informativa, sin eufemismos ni complejos que ayude a formar una autentica conciencia de Defensa.
 
Como acertadamente a nuestro juicio señala el Tte. General Feliú Ortega " En España no existe conciencia de Defensa, vemos como la herencia recibida en los dos últimos siglos al carecer de autentica amenaza exterior, han hecho que olvidando nuestro pasado guerrero carezcamos al día de hoy de una autentica cultura de Defensa."
 
Más aun la sociedad civil actual percibe al militar como el causante histórico de desbarajustes, pronunciamientos, algaradas y sublevaciones que interviniendo en la política del momento propiciaron sucesivas y dolorosas guerras civiles.
 
Conflictos coloniales que desembocaron en guerras mal informadas y peor dirigidas sin un interés real para el ciudadano sino tan solo para algunos grupos económicos y castas militares  acabaron por debilitar sino olvidar la sana conciencia de identificación con el brazo armado de su sociedad que representan sus ejércitos garantes y defensores en vanguardia de sus leyes, valores y patrimonios frente a enemigos exteriores.
 
Así, mientras la mayoría de países de nuestro entorno cerraban filas alrededor de su ejército en las dos últimas guerras mundiales para defender sus valores frente a regímenes extremistas cuando no su propia subsistencia como nación, España mirando a otro lado ha ignorado incluso lo acordado entre todos en su propia Constitución  "los españoles tienen el derecho y el deber de defender España".
 
 Sigue diciendo el general Feliú "tampoco ha existido un verdadero y continuado esfuerzo de nuestros gobiernos para difundir una verdadera y sincera Cultura de Defensa. Se trata siempre de obviar estos problemas, de procurar evitar hablar de la necesidad de prever una defensa que proteja de los riesgos y amenazas que realmente existen contra la Seguridad y mucho menos de que para ello es necesario dotarse de unas Fuerzas Armadas eficaces. Querrían prescindir de las FAS o verlas convertidas a todas en una especie de Unidad Militar de Emergencias o en una Agencia Humanitaria o todo lo más en una super policía."
 
 Desgraciadamente, la violencia no ha sido erradicada de nuestro mundo y mientras siga habiéndola será necesario que los estados se doten de los elementos necesarios para evitar que con ella se amenace la Seguridad.
 
Llegados a este punto tal vez debamos convenir que entendemos exactamente por seguridad para más adelante poder comprender de que estamos hablando cuando lo hacemos de la Defensa Nacional.
 
La doctrina del Ejército de Tierra (DO1-001) de 2003 establece que "la seguridad se define como el estado deseado por una sociedad, en que pueda desarrollarse y prosperar libre de amenazas"
 
La Defensa no sería otra que la adopción practica de medidas conducentes a mantener la seguridad  deseada.
 
La Ley Orgánica /2005 de 17 de noviembre, de la Defensa Nacional nos dice "... un derecho básico y una necesidad de las personas...".
 
La Defensa Nacional supone no solo la seguridad de la soberanía y la integridad del territorio de la nación y sus instituciones sino también la seguridad física de las personas, su bienestar, prosperidad y estabilidad, el libre ejercicio de sus derechos y en suma... la paz".
 
La paz, otro termino complejo en que conviene detenernos, porque la paz en ningún momento debe entenderse como la ausencia total de conflictos sino una situación, un estado en el que esos conflictos que lamentablemente siempre existirán porque son patrimonio mismo de la condición humana, son resueltos mientras sea posible por medios diferentes al uso de la fuerza.
 
La defensa como decíamos antes debería comprender todos los medios y acciones civiles y militares, tendentes a conseguir la seguridad.
 
Los medios de que dispone todo país como el nuestro así como sus acciones son muy diversos, en el que deben incluirse instituciones especializadas para ello.
 
España que es quien nos ocupa dispone como tal estado desarrollado  de variados mecanismos para garantizar la seguridad deseada.
 
Unos podríamos considerarlos blandos, a los que los anglosajones llaman acertadamente "soft power "y seria la diplomacia o la política económica y otros más contundentes o  "hard power "con el empleo en distinta intensidad de la fuerza.
 
Este último medio es el empleado por las Fuerzas Armadas y al que vamos a llamar Defensa Militar.
 
Es frecuente que por el ciudadano medio español se tienda a confundir lo que son objetivos y medidas, seguridad con defensa y defensa civil con protección civil y ello en parte porque ni la propia Ley Orgánica de la Defensa Nacional lo deja suficientemente claro.
 
Simplifiquemos pues definiendo la Defensa Nacional con la a nuestro juicio afortunada definición que el artículo 2 de la derogada LO 6/1980 de Defensa y Organización Militar "disposición, integración y acción coordinada de todas las energías y fuerzas morales y materiales de la nación ante cualquier forma de agresión".
 
Así pues si bien la defensa es algo que nos corresponde a todos los ciudadanos su determinación y ejecución seria competencia exclusiva del Ministerio de Defensa, así como la Defensa Civil recaería en otros ministerios e instituciones como el Ministerio del Interior y otros a través de sus fuerzas y cuerpos de seguridad es decir Guardia Civil y Cuerpo Nacional de Policía.
 
En cualquier caso las líneas generales de la Defensa Nacional deberían ser una cuestión de estado pactándose entre todos los partidos democráticos reconocidos dando así con ello estabilidad, cobertura y permanencia, en tan fundamental asunto.
 
Con la mundialización y la participación ya de antiguo de nuestro país en diversos organismos internacionales la seguridad ya no podemos concebirla simplemente como algo propio y dentro de nuestras fronteras sino que debe garantizarse allá, como y donde se pueda ver amenazada. Por todo ello deberíamos estar presentes en aquellos lugares junto con nuestros aliados naturales donde pueda crearse situaciones de inestabilidad que nos puedan poner con el tiempo en peligro. Naturalmente existen elementos pacifistas cerriles en nuestro país que no entienden ni quieren saber ni oír hablar lo más mínimo de cuestiones como combate o enemigo, en una incomprensible y absurda huida de la realidad entendiendo los problemas del mundo con una visión buenista.
 
Amparada en la Constitución, España proclama su voluntad de colaborar en el fortalecimiento de unas relaciones pacificas y eficaces entre todos los pueblos. En consecuencia pertenece y participa de los intereses y actividades de numerosas organizaciones internacionales.
 
La más importante la Organización de las Naciones Unidas a la que pertenece desde 1955. En consecuencia adquirimos con ello el compromiso de unir nuestras fuerzas para el mantenimiento de la paz y la seguridad internacional.
 
Con posterioridad España ingresó en mayo de 1982, rompiendo con ello un largo periodo de aislamiento internacional que podemos remontar al periodo de la restauración de finales del S.XIX, en organizaciones militares, no solo por interés de defensa mutua sino incluyendo como en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) tras la cumbre de Washington de abril de 1999 nuevos concepto estratégicos que incluye el cumplimiento por sus miembros de misiones de mantenimiento de la paz, ayuda humanitaria y  control de crisis, misiones estas ya fuera de su área geográfica tradicional.
 
Otro importante compromiso adquirido por nuestro país y en consecuencia por nuestras Fuerzas Armadas es la adhesión al tratado de Bruselas de Seguridad y Defensa suscrito en 1988.
 
La incorporación a la Unión Europea Occidental (UEO) nos obliga a prestar asistencia recíproca en caso de agresión a cualquiera de los signatarios de la organización a fin de restablecer la seguridad mutua amenazada.
 
Junto a la adhesión a estas organizaciones y a otras como la Unión Europea (UE) y signataria del Tratado de Lisboa de 2007 entrando a formar parte de la política común de Seguridad y Defensa, participamos en diversas fuerzas multinacionales como el Eurocuerpo, la Eurofor, el Grupo Aéreo Europeo y un largo etc. sin olvidar las Coaliciones de países (coalition of the willing), como la formada por España en la segunda guerra de Irak, en la que como en esta ocasión de forma voluntaria se forman coaliciones de naciones para desempeñar determinadas acciones o campañas sin sujetarse obligatoriamente a mandato de ninguna organización internacional.
 
La guerra tiene y sigue teniendo y conservando su propio ritual de muerte y destrucción, pero la manera de entrar en ella y de ejecutarla sin lugar a dudas ha evolucionado de manera significativa en los últimos 50 años.
 
El número víctimas de las últimas dos guerras mundiales es algo que en la actualidad se considera inconcebible e inaceptable por la sociedad civil.
 
Ningún ciudadano acepta ver en su hogar en  televisión féretros de jóvenes soldados hijos de  conciudadanos cubiertos con la bandera de la nación.
 
El ciudadano medio puede llegar a entender la necesidad de acudir a ayudar en acciones humanitarias o a defender la violación fragrante de derechos humanos y para ello puede ver justificado el empleo de la fuerza pero lo que no acepta es que exista un número importante de victimas.
 
Imposible tarea la de combatir sin que ello conlleve la suma de victimas propias y por muy modernos y sofisticados armamentos que se utilicen alejando cada vez más al soldado del punto caliente de la acción, no se impide con ello el que existan victimas, porque al final tarde o temprano se hace necesario bajar a la arena y con ello al empleo del soldado de infantería.
 
Alguien vino a decir que las guerras se ganaban con dinero y dinero y no deja de ser ello cierto. Recursos económicos y tecnología coadyuvan a ganar las guerras pero no es menos ciertos que los conflictos actuales si bien de baja intensidad son en gran medida asimétricos y la resolución y motivación del combatiente aun con armamento convencional puede ser tremendamente efectivo.
 
La participación en misiones en el exterior nos ha supuesto un triple beneficio para nuestras fuerzas armadas, de una parte una modernización de sus efectivos y equipos, un incremento en la interoperabilidad con otros ejércitos, así como un incremento en su autoestima al poder llevar adelante proyectos antes tan solo tratados en cursos de guerra y estado mayor.
 
De otra parte han podido demostrar en distintos ámbitos su preparación, profesionalidad y valores éticos y humanos.
 
Desde 1989 año de inicio de las misiones de paz se han venido a realizar por nuestras fuerzas armadas más de 60 operaciones en el exterior, con más de 100.000 militares desplegados por el mundo habiendo sufrido más de 160 bajas mortales en estos años, lo que ha incrementado notablemente su reconocimiento y valoración por la ciudadanía.
 
Esto, siendo positivo tiene no obstante una segunda lectura a nuestro juicio equivocada, y es que se piense en las FAS como una especie de ONG considerándose que la primordial sino única misión de esta institución es acudir a misiones humanitarias.
 
La creación de la Unidad Militar de Emergencias (UME) de reciente creación es un ejemplo de la prioridad presupuestaria que el político concede a estas unidades mitad rescatadores, mitad bomberos, mitad de todo menos soldados, en detrimento de unidades operativas de combate.
 
La finalidad actual de las operaciones militares de paz no son obligatoriamente la de derrotar a las fuerzas militares enemigas sino la de alcanzar una situación que permita la consecución del objetivo político deseado.
 
Como decía el general norteamericano Zinni "la guerra solo puede aceptarse si su final es la paz", afortunadamente ya no tiene sentido en esta época la teoría del prusiano Von Clausewitz en que la guerra era una forma de resolver los problemas entre estados.
 
Para el político de turno sea del color que sea le es más grato justificar que el dinero de los presupuestos de sus Fuerzas Armadas van destinados a preparar efectivos que se emplearan en misiones de tipo humanitario y no propiamente de combate, aunque luego resulte que es esto último lo que en realidad en mayor medida ejecuta.
 
Esto además de farisaico daña la moral y la imagen del militar. El ciudadano debe conocer y aceptar la realidad debiendo conocer lo que hacen y porqué. Como alguien dijo no se trata de hacer de ellos héroes, pero sí que se reconozca su esfuerzo y el riesgo de dar la vida por la seguridad del país y por la paz internacional.
 
No deberíamos terminar sin señalar que al soldado se le pide que cultive y muestre los eternos valores militares como son la lealtad, el compañerismo, la obediencia, la subordinación, la abnegación y el espíritu de sacrificio, virtudes todas ellas poetizadas en los muy conocidos versos de Calderón de la Barca, pero quien esto pide olvida que el militar es también parte de la sociedad en la que vive y a la que sirve y si esa sociedad carece total o parcialmente de ellos será muy, muy difícil que el hombre de armas pueda atesorarlos.
 
Antonio J. Mérida
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