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05
Lun, Dic
9 minutos de lectura ( 1760 palabras)

Hombres de armas en las operaciones de paz de la ONU

Solo quien tenga de la mente humana una idea arbitraria,
tachará de paradoja la afirmación de que las legiones
romanas  y como ellas todo gran ejercito ,
han impedido más batallas que las que han dado
Ortega y Gasset
Nada es menos susceptible de cambio que la naturaleza humana. Desde los personajes bíblicos de Caín y Abel el hombre ha hecho siempre de la violencia estado.
 
Esto ha sido así, lo es y lo será por los siglos.
 
La manera de solventar las muy humanas diferencias, se han dirimido al final la mayor de las veces, a través del ejercicio de la violencia.
 
No obstante es bien cierto, que los métodos y medios empleados para resolver estos desencuentros de intereses han ido evolucionando sobre todo en los últimos 70 años, hacia un mayor control y prevención de las situaciones conflictivas.
 
La llamada Gran Guerra o por su enorme difusión la I guerra mundial (1914-18)  vino a poner en evidencia una terrible realidad que no era otra, que la capacidad extraordinaria de aniquilación de las nuevas armas puestas a disposición de los ejércitos modernos, lográndose destruir miles de vidas y propiedades en cuestión de horas.
 
Así tras su finalización , vio la luz una iniciativa de intento colectivo de poner freno en lo posible a  la proliferación de conflictos de cualquier envergadura, al ser estos susceptibles siempre de internacionalizarse.
 
La Sociedad de Naciones ni pudo, ni supo cómo impedirlos, y así tras un periodo de menos de un cuarto de siglo se inició un segundo holocausto de carácter planetario, una II guerra mundial (1939-45), conflicto este incluso de mayor envergadura y extensión geográfica que trajo un mayor número de víctimas entre fallecidos, heridos o incapacitados y afectados en uno u otro sentido.
 
Si una nota común aúna estos dos conflictos es el escalofriante número de víctimas civiles. Por primera vez se observa que la guerra deja de ser una cuestión de confrontación exclusivo de gente de armas para convertirse en un drama de carácter colectivo y universal donde no solo el esfuerzo, el trabajo y el sufrimiento, sino la propia vida es sacrificada en mayor número por la población civil.
 
Así, tras el fracaso de la sociedad de naciones y tras el inaceptable sufrimiento de tantas personas inocentes, el 26 de junio de 1945 se firma en San Francisco (EEUU) la Carta de las Naciones Unidas, origen esta de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), cuyo propósito fundamentas como establece el número primero de su articulado es "mantener la paz y la seguridad internacionales, y con tal fin: tomar medidas colectivas eficaces para prevenir y eliminar amenazas a la paz, y para suprimir actos de agresión u otros quebrantamientos de la paz; y lograr por medios pacíficos, y de conformidad con los principios de la justicia y del derecho internacional el ajuste o arreglo de controversias o situaciones  internacionales susceptibles de conducir a quebrantamientos de la paz".
 
Este ilusionante propósito llevado a término con voluntad política, eficacia y honestidad aspiraba a cambiar de alguna forma la tradicional manera hasta entonces conocida de hacer la guerra.
 
Así, los miembros que suscriben el formar parte de esta organización adquieren el compromiso de solucionar sus controversias con otros estados por medios pacíficos.
 
Ahora bien, aunque la Carta de las Naciones Unidas no incluye implícitamente lo que años más tarde se ha venido a llamar operaciones de paz o mejor operaciones de apoyo a la paz como prefiere llamarlas nuestro Ministerio de Defensa, si que de su articulado obtienen ciertamente legitimidad.
 
Tendríamos lo que podemos llamar Defensa civil (art. 41) "...medidas que no impliquen el uso de fuerza armada" y Defensa militar (art. 42)  "el Consejo de Seguridad... podrá ejercer, por medio de fuerzas aéreas, navales o terrestres, la acción que sea necesaria para mantener o restablecer la paz y la seguridad internacionales".
 
El fin es la paz, pero los medios para obtenerla no tienen porque ser necesariamente pacíficos.
 
Las medidas iniciales pueden y deben ser de presión, tales como aislamiento diplomático, embargos, bloqueo económico, congelación de intercambios, cese de comunicaciones etc., pero si no fuese esto suficiente la intervención militar armada podría estar plenamente justificada.
 
La guerra de Corea (1950-53) o la primera guerra del golfo son dos claros exponentes de intervención militar colectiva ante agresiones territoriales de algún país.
 
Existen voces críticas sobre la legalidad de estas actuaciones realizadas bajo el paraguas de la ONU por esconder intereses partidistas.
 
El lúcido historiador Evan Luard pensaba que las Naciones Unidas fracasaron, al menos en los primeros tiempos en su intento de constituirse en factor central de armonización de conflictos, habiéndose utilizado torticeramente este organismo de pantalla bien por el bloque occidental, como por la antigua URSS, para legitimar de cara al resto del mundo las zonas de influencia que ambos se habían adjudicado en Yalta.
 
Es paradójico que durante los años que duró la guerra fría, ambos bloques actuaron como elementos de equilibrio y  como dice el general Simón Contreras "es con la llegada al poder del líder ruso Mijail Gorbachov en marzo de 1985 cuando se produjo un cambio en las relaciones internacionales que motivó el paso de una situación claramente estabilizada por la oposición Este-Oeste, a una permanente inestabilidad en rápida y constante evolución y que llevaría intrínseca la aparición de conflictos de la más variada índole y en los más diversos lugares".
 
Esta inestable situación requería algo más que intervenciones que llevasen tan solo una tibia paz forzada y artificial, esta nueva situación internacional exigía mayor compromiso para evitar sufrimientos en las poblaciones afectadas, así como una presión contundente hacia sus dirigentes, fomentando los medios necesarios para intentar garantizar procesos viables de gobiernos democráticos que creasen estabilidad no solo para ellos mismos sino en su inmediato entorno.
 
Nacen así operaciones como la UNTAG (Namibia abril 1989), cuyos brillantes resultados marcaron un antes y un después en las operaciones de paz.
 
El inicio de toda operación de paz lleva un complejo y a veces prolongado iter que comienza con la petición por alguna de las partes implicadas o bien por alguno de los países miembros, pero siempre como acto previo para su puesta en marcha, ha de mediar una resolución del Consejo de Seguridad aprobando el mandato.
 
Una vez aprobado el denominado mandato el Secretario General designa al COPER o Comandante de la Operación, así como al COMANFOR o Comandante de la Fuerza.
 
Al no disponer al menos en el momento actual de una estructura militar permanente, para cada nueva operación, viene siendo necesario evaluar el número de integrantes de la Fuerza y seleccionar la aportación de los Estados -normalmente siguiendo criterios de oportunidad- entre aquellos que se  ofrecen voluntarios o, a petición rogada de la organización a sus asociados.
 
De abre entonces la fase denominada "Conferencia de Generación de Fuerzas", acordándose la contribución de efectivos así como designación de mandos.
 
Complementariamente a estas actividades se viene a suscribir el SOFA (Status of Forces Agreements) o acuerdo entre ONU y autoridades locales, importante documento este donde se recogen los acuerdos de apoyo al contingente así como la invulnerabilidad o aforamiento político de los componentes de la operación que solo serán juzgados en caso de infringir la ley por sus propios jueces nacionales.
 
Es importante señalar que al igual que Naciones Unidas vienen actuando siguiendo similares protocolos otras organizaciones colaboradoras en operaciones de paz, como la OTAN o la UE, realizando estas sus propias misiones o apoyando a las de la ONU.
 
Toda operación aun las exclusivas de defensa militar, lleva aparejado siempre la incorporación de elementos civiles si bien estos en proporción inversa a la de la implicación de los efectivos militares.
 
Hay que abandonar definitivamente la idea de que  iniciada una operación, el contingente que lo compone tiene total libertad de actuación.
 
En ningún caso esto es así, por el contrario cuando se envía una Unidad militar, a una misión, sea esta la que sea, ya bélica o exclusivamente de ayuda humanitaria, el poder político marca las instrucciones a las que debe ceñirse siempre  el contingente, así como el objetivo militar a superar.
 
Estas limitaciones deben respetarse escrupulosamente y estas son además de lo ya  establecido en el Derecho Internacional para los Conflictos Armados, así como el Derecho Internacional Humanitario, las denominadas ROE o Reglas de Enfrentamiento, donde se establecen al detalle como o hasta donde se puede autorizar el uso de la fuerza.
 
Debe entenderse que en ocasiones y ante ataques sorpresivos el contingente tiene abierta la vía de respuesta inmediata con la contundencia necesaria para repeler la agresión.
Debemos distinguir diversas clasificaciones de operaciones de paz, según el tipo de misión a realizar así como la necesidad de diversos grados de empleo de la fuerza.
 
Podemos diversificar los distintos tipos de operaciones en:
 
- Operaciones de prevención de conflictos (Conflict prevention) que supone despliegue de    fuerzas de vigilancia y alerta temprana.
- Operaciones de establecimiento de paz (peacemaking) estas operaciones revisten ya un carácter de intervención y cese de hostilidades con despliegue de interposición e intento de estabilización.
 
- Operaciones de mantenimiento de la paz (peacekeeping) que son las operaciones encaminadas a la contencion, moderación y finalización de hostilidades, incluyendo la verificación del alto el fuego y supervisión de fronteras.
 
Estos tres tipos de operaciones deben contar con el consentimiento expreso o tácito de las partes involucradas.
 
No obstante pueden existir misiones de paz en los que no pueda contarse con el consentimiento de las partes y obviamente nunca del agresor.
 
En estos casos también Naciones Unidas puede legalmente actuar mediante:
 
- Operaciones de imposición de la paz (peace-enforcement) verdaderas operaciones de combate para restituir por la fuerza situaciones legales anteriores a la agresión.
 
- Operaciones de consolidación de la paz (peacebuilding) en que se participa garantizando o apoyando militarmente con actos de fuerza si fuese necesario la seguridad.
 
Otro principio que mantiene Naciones Unidas junto a la obtención del consentimiento como es la no injerencia en asuntos internos de los países, se está revisando cuando estamos en presencia de "estados fallidos" que son absolutamente incapaces de mantener el orden, permitiendo graves atrocidades y violaciones de los derechos humanos o aun más cuando se trata de "estados bribones" (roge state) países estos que ponen en peligro la paz y la seguridad internacional dando cobertura o cobijo en su territorio a peligrosos grupos terroristas.
 
Antonio J. Mérida
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