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05
Lun, Dic
7 minutos de lectura ( 1360 palabras)

Reflexiones en un día 12 de octubre

"Acaso por que ellos fueron frenéticos, seremos nosotros estúpidos?"
Jovellanos (1795)
 
Me encuentro en Asturias, en un pequeño pueblo del bajo Nalón y mientras dicen que llueve en casi toda España, hoy 12 de octubre, festividad del Pilar, y día de fiesta Nacional y celebración de la Hispanidad, con lo que ello conlleva de luces y sombras para tantos millones de ciudadanos, aquí brilla un sol algo mezquino pero que aleja ese agua del cielo, tan habitual en estas tierras norteñas.
 
Mientras espero la hora de la retrasmisión en televisión del habitual desfile militar, que si puedo nunca suelo perderme, ya que a diferencia de los versos que cantaba Paco Ibáñez, a mi sí la música militar siempre me supo levantar, con mi bandera nacional en el balcón en que tal día como hoy me enorgullece lucir, releo las hojas del cultural de ABC del sábado anterior, llamándome la atención un artículo de ese gran profesor e historiador valenciano que es Ricardo Garcia Cárcel, sobre la leyenda negra.
 
Cuanto más profundizo en él, más me hace pensar en lo a propósito que resulta su lectura tal día como hoy.
 
Siempre he pensado como decía Cadalso que el patriotismo mal entendido en lugar de ser virtud viene a ser defecto ridículo, pero viendo la miserable actitud que tantos de mis conciudadanos mantienen frente a la asunción de la identidad nacional española, no puedo por menos que entristecerme cuando no irritarme.
 
Como dice Garcia Cárcel el equilibrio entre la autocrítica necesaria y deseable y la afirmación de la conciencia nacional no es fácil.
 
No, no es fácil, pero como él yo también pienso que ese equilibrio es posible.
 
Ni casticismo a ultranza, ni papanatismo europeísta, no somos el ónfalos de la civilización occidental mirando con desdén al resto de naciones, ni lo nuestro es siempre peor que lo de ellos. Las cosas no son así, ambas posturas siempre me han incomodado.
 
Entiendo que ambas posiciones son fruto de lo mismo, de un inexplicable complejo de inferioridad que se remonta muchos años atrás, con manifestaciones evidentes de inhibiciones e inseguridades.
 
Pienso cuando esto escribo en clave nacional aunque no dejo también de pensar viendo este pulso que continuamente nos están echando los nacionalistas vascos y sobre todo catalanes, si no hay algo de similitud con lo que dice Garcia Cárcel sobre la tan traída y llevada leyenda negra, es decir si no es en gran parte fruto de ancestrales inseguridades y complejos, esa absurda angustia ante el presunto desamor, el no nos consideran ni respetan, el no nos quieren. Pero volvamos a ese espíritu victimista del español frente a Europa que aunque menos acusado al día de hoy, todavía sigue respirando en el cuerpo de muchos ciudadanos que vienen como catetos y aldeanos extasiados de lo que dicen ver cuando salen de España, poniendo en entredicho todo lo nuestro.
 
Y por el contrario esos otros que con idéntico complejo mantienen lo contrario, con la consabida cantinela del somos los mejores, nadie nos puede enseñar nada, aquí se vive como en ningún sitio, óle, toros, vino y flamenco.
 
Ni lo uno, ni lo otro, ambas posturas de alguna manera me parecen idénticas, y fruto ambas de una baja autoestima nacional.
 
Me enfada por igual, el no reconocer nuestras debilidades y miserias colectivas, como igualmente no reconocer nuestros aciertos y valores.
 
Suelo viajar por todo el mundo con cierta asiduidad y no veo que España tenga que acomplejarse de nada y sobre todo que no asumamos con orgullo y dignidad nuestra propia historia, nuestra verdadera historia, no la que pretenden enseñar a sus crianzas esos nacionalistas desaforados.
 
Como sufro cuando veo el orgullo con el que lucen sus enseñas nacionales otros países, ensalzando y destacando a sus hijos insignes.
 
Hace unos años se ha empezado a conocer en España a ese gran marino que fue Blas de Lezo, cuando a su almirante Nelson sin mayores méritos los ingleses hace ya un cerro de años le levantaron una monumental estatua en el centro de Londres.
 
Cualquier país alzaría con orgullo la cabeza, con los cientos de exploradores que dio nuestro país durante siglos y que pusieron el continente americano en la cartografía mundial.
 
Nosotros no necesitamos inventarnos héroes cinematográficos a lo John Wayne, los tenemos a cientos con nombre y apellidos reales.
 
Por otra parte, tampoco entiendo a esos otros que van voceando una falsa idea de imperio.
 
Una unidad de destino en lo universal, tamaña sandez, que nadie supo nunca a ciencia cierta lo que quería decir aquello.
 
Franco fue para mi el paradigma del maricomplejudo, mirando a lo zorrocloco siempre a lo que decian y hacían otros países europeos, así como los estados unidos antes de tomar decisiones importantes, sobre todo si eran o tenían contenido de calado internacional, por si hacia el ridículo.
 
El estigma del complejo y la inseguridad, que padecen los españoles o al menos una gran parte de ellos es todavía clara y manifiesta, viéndose en la actitud de muchos españoles nacionalistas o no y de todos los colores, como se ve con el intento de elaborar a la contra una leyenda blanca.
 
Claro ejemplo es la reflexión colectiva de insignes historiadores en el interesante libro todo hay que decirlo, España ante sus críticos: las claves de la leyenda negra.
 
El franquismo en su momento hizo lo mismo con arietes españoles algunos de talla como Menendez Pidal y otros extranjeros como Powel, Gibson, Carbia o Hanke.
 
¿Que ha cambiado? Desgraciadamente como vemos no mucho, seguimos con la cabeza baja, complejos y baja autoestima.
 
Y no hablo de posturas irresponsables, prepotentes o chulescas, pero santo dios, quiero ver erigir estatuas y roturar calles, de héroes y hombres insignes, de actos y hechos notables que los hay al ciento, no destruirlas o borrarlas, denigrando a personajes y ocultando o tergiversando la realidad histórica.
 
Quiero ver películas y series de héroes y conquistadores, de poetas y escritores nuestros, no anglosajones ni de otros países.
 
¿Que película se ha hecho de Garcilaso o de Cervantes, de Fernando de Córdoba, Oquendo, Londoño, Antonio de Leyva o Fernando Villaamil?.
 
Tímidamente vemos como se abre camino con más pena que gloria, series televisivas de momentos estelares de nuestra historia como la reciente sobre la reina Isabel de Castilla, pero poco más.
 
Se oculta cuando no se modifica torticeramente nuestros más gloriosos hechos, tanto en las armas como en otros campos.
 
Como no vamos a tener la estima baja, si no nos interesa ni conocemos nuestra propia y muchas veces heroica y memorable historia.
 
Que lamentable es hojear los libros de texto de escolares de zonas como Canarias, Vascongadas o Cataluña.
 
Como viene a decir el profesor Garcia Cárcel, el creador del célebre termino leyenda negra, Julián Juderías en su libro editado en 1914 con ese nombre, asentaba su tesis sobre dos convicciones:
 
Una que España según él, habría sido objeto de una permanente y generalizada crítica negativa que pretendía desacreditar nuestros valores, y la otra que tal operación de descrédito se basaba no en la verdad, sino en el imaginario, en la pura especulación.
 
Porque será que ambas ideas, que sustentaba Juderías, se repiten por parte en esta ocasión de los nacionalistas malintencionados periféricos de nuestro propio país.
 
Lo que realmente siento no es solo la existencia de estos flujos internos de descredito, maledicencia y felonía, sino la ausencia de voces claras, contundentes y autorizadas que rechacen como D. Miguel de Unamuno hizo ante el ataque europeo a España con motivo del proceso militar al anarquista catalán Ferrer i Guardia, levantando su voz y defendiendo y desenmascarando a esos burdos e infames sujetos que campan a sus anchas en nuestras universidades, periódicos y platós de televisión.
 
Y acabo ya, y lo quiero hacer con esa frase atribuida a mi admirado defensor de Cartagena de Indias Blas de Lezo y Olavarrieta "una nación no se pierde porque unos la ataquen, sino porque quienes la aman, no la defienden".
 
Antonio J. Mérida
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