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05
Lun, Dic
13 minutos de lectura ( 2623 palabras)

El horror de un crucero por aguas del Báltico

Existen profesionales del crucero. Que Dios los confunda a todos. No he conocido una manera mas gregaria, lanar y bovina que el desplazamiento turístico y tumultuario en crucero de vacaciones. Los ciudadanos que viajan, si eso es llamarlo viajar, porque sonaría ofensivo llamarlo así a los oídos de un auténtico viajero. Yo simplemente lo llamaría “turistear”.
 
Pues bien, aquellos ciudadanos que deciden pasar sus días de descanso vacacional desplazándose de esta manera conforman para el que suscribe y pido perdón si por ello alguien se siente ofendido, el mas deprimente grupo humano entre los que valientemente deciden salir de su país intentando quitarse la boina conociendo otros lugares mas o menos lejanos.
 
Es cierto que puedo llegar a comprender a quien simplemente quiere pasar unos días de vacaciones sin mas pretensiones haciéndolo algo diferente, pero si es así, que no sueñe ni por un momento que va conocer y menos aprender algo de aquellas ciudades que va a visitar. Para nada.
 
Curiosamente en España está de moda desde hace unos años los cruceros bien por el mediterráneo, por el báltico y mas recientemente por el caribe.
 
Existen compañías españolas que siguiendo los pasos de antiguas navieras anglosajonas y escandinavas líderes indiscutibles de los viajes turísticos en barco, y mas tarde italianas y griegas, organizan viajes destinados sobre todo a un segmento de personas jubiladas con pensiones que mientras no se las cepillase Zapatero o en un futuro el tamdem de los Picapiedra, -que tiempo habrá para ello si no lo remediamos entre todos en las proximas eleciones que casi seguro tendremos en junio-, disponen del suficiente dinero para estos desplazamientos antes exclusivamente para ricos, en los que no se necesita hablar otros idiomas y en el que vas arropado y protegido en todo momento.
 
Además eso del “todo incluido” es algo que apetece y valoran mucho estas personas de perfil de bajo consumo en su día a día que incluso se permiten ahorrar para “cuando sean mayores” de la propia pensión. Ah, y el otro segmento de la horquilla que conforman mayoritariamente a los usuario de estos servicios náuticos son los matrimonios jóvenes con hijos de edad escolar , ruidosos y alborotadores como no pueden ser de otra manera, que al reclamo del 2x1 o a no pagar el Benjamín se embarcan con la ilusión de que solidariamente el resto del pasaje soporte amablemente a sus crianzas mientras ellos sopesando las pocas posibilidades de que alguno acabe en el agua saltando por la borda, se trasiegan tranquilamente un cerro de cubatas, mojitos y Gin-tonic hasta acabar gritando aún mas que los propios cuellicortos de sus hijos.
 
Un poema, un auténtico poema y bien malo por cierto. Estos son algunos de los horrores que tuve que vivir ese verano en el Báltico.
 
Tristemente es cierto muchas veces lo que vienen a decir los dichos populares. En este caso me refiero a ese que dice “que mal acaba lo que mal empieza”.
 
Creo que debió de servirme de aviso, pero el hombre blanco no siempre sabe interpretar correctamente las señales de humo que a veces Manitú le ofrece.
 
Creo que fue la avaricia irreflexiva de visitar “del golpito” como dicen los canarios varias ciudades del septentrión europeo lo que motivo que me plantease la idea del crucero por esa aguas siniestras, que casi mas que mar parecen un lago.
 
El programa ofrecía el “visitar” Helsinki, San Peterburgo, Tallin, Ddansk, Estocolmo y Copenhague y todo en ocho días, siete noches. Mucha carne y poco diente. No se, quizás, tal vez, es posible, que también influyera el hecho de que me guste navegar, coincidiendo además con el supuesto atractivo de hacerlo en la época del año de noches blancas, con escasas tres o cuatro horas de tenue penumbra lo que al final hizo que me decidiese.
 
Comentaba antes que el asunto comenzó mal y así fue. Cayendo de bruces en esas publicidades semi engañosas  que prometen mil descuentos por reserva anticipada, con pago para ayer y mas lindezas nos apuntamos doce almas cándidas de Dios, todos amigos y parientes pagando como digo anticipadamente una importante cantidad del importe final en concepto de reserva en la otrora empresa excelente y hoy en quiebra y ya desparecida Viajes Marsans.
 
En buena hora lo hicimos, siempre he pensado que la ignorancia es el peor pecado del hombre. El ignorante en su estado puro sin recursos propios ni posibilidad de aprender tiene ciertas disculpas, pero el ignorante ramplón y negligente ese sí se merece todo lo que le pueda ocurrir. Y desgraciadamente nosotros creo que pecamos de lo segundo.
 
El empresario hoy dia en la cárcel, Díaz Ferrán ya había enterrado varias de sus empresas y esta no nos informamos previamente estaba no solo enferma sino como el tiempo ha demostrado desahuciada y hoy cadáver.
 
Así pues perdimos todo lo que habíamos puesto como señal, y aún así tuvimos la suficiente hidalguía y estupidez como para despreciando la pérdida acudir a otra compañía también española y no darle la satisfacción a tan insigne empresario de arruinarnos las vacaciones proyectadas.
 
Debo reconocer que me agrada ver que existen empresas multinacionales españolas de cierto nivel por el mundo, ofreciendo servicios de calidad.
 
Siempre he disfrutado sintiendo un especial orgullo sobre todo en Hispanoamérica viendo las siglas del BBVA, Eulen, Telefónica, Repsol o Santander por señalar tan solo algunas de ellas.
 
Esta vez viajábamos directamente en brazos de la española Pullmantur tanto volando en sus super boeing 747 como en uno de sus barcos de mas de 20 o 25 mil toneladas de arqueo con capacidad para casi 4.000 personas.
 
Si hubiésemos visto bien el programa tal vez habríamos comprobado que de la ciudad de Helsinki en realidad ves lo que tus ojos te puedan permitir ver desde la terminal del aeropuerto hasta la dársena del puerto donde esta el buque atracado.
 
Tras la instalación en el camarote, debo reconocer que confortable, limpio y de dimensiones razonables todo empezó a funcionar, si bien con carácter voluntario faltaría mas, a toque de silbo de nostramus.
 
La turbamulta empezó a moverse como hormigas dentro de un hormiguero, de un lado a otro explorando los diversos rincones del buque, fundamentalmente aquellos que tuviesen luces, tragaperras, música, camareros, comida o copas. Ahí es donde empecé a notar quien tenía trienios ya en este noble oficio de crucerista.
 
Recuerdo que esa noche intentando tranquilizarme del estrés que me había producido la tumultuosa y vocinglera llegada al buque, disfrutando de unos mojitos que servía un camarero ruso que con el transcurso de los día llegue a intimar en el bar de la piscina que al estar en la parte superior corría algo de viento, y en consecuencia, estaba menos frecuentado, me solacé oyendo una sabrosa conversación que mantenía un grupo al que rápidamente catalogue de huertanos ricos de Murcia con un industrial chacinero de Salamanca que con su esposa hacían estos su primer crucero. Los murcianos intentaban impresionar al matrimonio chacinero contando el elevado número de cruceros que ya llevaban al coleto en lo últimos años.
 
Reconozco que lo que mas me sorprendió fue la soltura y seguridad con la que hablaban de lejanos lugares que dudo supieran colocar correctamente en el mapa. Una de las señoras murcianas de voz chillona y desquiciante de patas cortas y gruesos brazos desarrollados probablemente en su juventud en el duro trabajo huertano, no dejaba de repetir a la propia del chacinero salmantino que habían estado en las Seychelles, en Balí y en las Islas Mauricio, y que para finales de año estaban pensando ir a Las Vegas y visitar en helicóptero el gran Cañón del Colorado. Ya pueden comprender que alucinaba en colores oyendo como hablaban de lugares lejanos en que el precio de ninguno de ellos debía bajar de los 7 u 8 mil euros por persona.
 
Y luego nos dicen que estamos en crisis. Es posible, pero en crisis debemos estar los de siempre. Debo reconocer que una vez conocidos los horarios y lugares que como ovejas merinas frecuentaba la gente se podía ir a contracorriente y disfrutar de breves momentos de paz, sosiego, reflexión y recogimiento.
 
Pronto descubrí un lugar que solía estar habitualmente desierto, y este era una pequeña sala biblioteca de cómodos sillones aunque escasos y deplorables libros.
 
Me encanta todavía comprobar que existe cierta aversión y rechazo inconsciente y atávico de las masas lanares hacia la letra impresa. Curiosamente no ocurría lo mismo en otra sala de ordenadores que estaba justo debajo. Allí se amontonaban con careto de zombis y paciencia oriental, esperando su turno para hacer no se sabe que ante una pantalla, que viendo sus expresiones corporales debían de caminar con la lentitud exasperante de un cochecito de pedales, decenas de individuos.
 
Otro tema que debo comentar es el gastronómico. Lo que a mi me parecía una excelente comida, sana, variada y abundante no era al parecer compartido por la turbamulta allí congregada, ya que llegué a oír en diferentes momentos y lugares, agrias y severas críticas sobre las maravillosas viandas que allí se degustaban, siempre aprovechada la conversación por alguna señora de patas cortas para colgar al oyente el sambenito de lo bien que se guisa y se come en su casa.
 
Sobre esto he llegado a formarme mi propia opinión que se remonta ya a los vetustos años en que hice el servicio militar. He llegado a la conclusión que, cuanto peor come la gente en su casa, mas protesta en la de fuera.
 
El servicio abordo debo decir bien alto que en general era excelente. La gran mayoría estaba formado al tratarse de un buque de habla española de ciudadanos de origen hispanoamericano. Gente extraordinariamente amable rayano en lo servil, que al percibir probablemente unos sueldos de miseria intentaban con sagacidad, ingenio y simpatía sacar “por la izquierda” alguna que otra propina aunque ello estaba prohibido.
 
Quien no ha experimentado en sus carnes el viaje en crucero, ni ha vivido en ciudades portuarias receptoras de este tipo de turismo, no sabe lo que es que dos, tres y hasta cuatro grandes buques atraquen con escasa diferencia de horas.
 
De pronto se tiran a las calles mil o dos mil individuos por buque pretendiendo hacer todos el mismo recorrido turístico. Quien no lo ha vivido, no se lo puede imaginar, un horror. Esto ocurrió en San Peterburgo ciudad extraordinaria, que afortunadamente al ser un museo al aire libre toda la ciudad, distribuía algo a las masas de turistas aliviando un poco la concentración de individuos y lenguas que como en Babel impedían la comunicación y te acongojaba cuando perdías el paragüitas o la banderita de tu guía.
 
No obstante, el Palacio de Invierno y el extraordinario museo de L’Ermitage era un lugar imposible de no comerse los mocos con alemanes, italianos, franceses y norteamericanos.
 
Aconsejo a quien desee ver y disfrutar de las deliciosas pinturas que este inigualable museo ofrece, que intente ir en invierno aunque deba dejar en la calle temperaturas de 20º bajo cero o sino que se compre unos buenos libros ilustrados de arte. Todo menos ir en verano coincidiendo con las mesnadas de cruceristas.
 
Tallín por el contrario es una ciudad provinciana de corte arquitectónico medieval, coquetona y deliciosa pero que tienes que visitar a uña de caballo, sin tiempo de tomar ni una triste cerveza.
 
Esa es otra, en los cruceros no esperan “ni a Dios”. Como no llegues a la hora el barco zarpa y te quedas con lo puesto a cuatro o cinco mil kilómetros de tu casa.
 
Sinceramente eso agobia y o vas en conserva con el tour organizado del barco o si pretendes ir a tu bola mejor mira el reloj con frecuencia y lo que es mas procura no equivocarte y cambiar correctamente las manecillas del reloj, porque cada ciudad que vas visitando tiene una hora distinta.
 
Nosotros nos arriesgamos y así pudimos disfrutar de cierta autonomía y tranquilidad al realizar los desplazamientos internos por las distintas ciudades a nuestro aire, cuenta y riesgo, porque la gran mayoría de jubilados y padrecuellicortos optaron por la seguridad de la guagua turística.
 
Si hubo una ciudad que me dejo sorprendido esta fue sin duda la antigua ciudad prusiana de Danzing hoy la polaca Ddanck, ciudad hanseática y comercial que conserva todavía hoy una de las calles de la burguesía comercial medieval y renacentista mas encantadora que he conocido en todos mis viajes. La guinda hubiese sido si no hubiese tanta tienda y puestos callejeros ofreciéndote comprar ámbar de todas las formas y colores.
 
Ah, Estocolmo, creo que es obligado ir otra vez a visitar la capital sueca para ver esta ciudad como realmente debe ser durante todo el año, oscura que no triste, lluviosa, fría y ventosa. El día que yo la visite lucía el sol mas radiante que pueda uno imaginarse y  que haría envidiar a la mismísima ciudad de Fez. Capital verde de exuberante vegetación y elegantes edificios, con decenas de puentes que comunican las diversas islas que sobresalen sobre aguas de un profundo azul acero.
 
Las mujeres suecas que tanta literatura erótica han despertado en el mundo mediterráneo me parecieron en su mayoría enormes matronas entradas en carnes y mal vestidas. Invito a todos los carpetovetónicos hispanos a que vayan y destruyan el mito de la sueca maravillosa. Creo que como siempre los españoles no sabemos apreciar en su justa medida lo propio. Sin dudarlo no cambiaría una española guapa por tres walkirias suecas de carnes blancas y blandas y pelo fino, sucio y pegado al cráneo como un casco.
 
Eso si, es una gente educadísima y su ciudad es extraordinariamente limpia y bien organizada y mantenida.
 
Al final llegamos a Copenhague no sin antes disfrutar de otra nueva y tranquila singladura marítima.
 
La verdad es que no me imagino al mar Báltico encrespado y enfadado. Mas que un auténtico mar parece un lago desde la bolsa del golfo de bosnia hasta aproximarnos a la península de Judtlandia en que ligeramente el mar como debe ser hizo su aparición levemente movido, la navegación la hicimos sobre un agua plomiza y totalmente echada que supongo hizo las delicias de aquellos que viajaban preocupados y provistos de una buena cantidad de biodramina en sus equipajes.
 
Dudo que el buque se moviese mas de dos grados en algún momento.
 
Como decía, al final quedaba Copenhague ciudad alegre y borrachina, aunque lo único que vi fue gente joven y muy seria trasegando ingentes cantidades de la cerveza nacional Calberg.
 
Si estaban o no alegres no logré saberlo, en cualquier caso sería una alegría interna y civilizada porque desde luego yo allí no vi esa desbordada alegría y satisfacción que se observa en estas gentes vikingas cuando vienen a visitar Mallorca, Alicante o Canarias.
 
Y aquí se acabó el crucero, menos mal. Sería no obstante, injusto si dijese que se pasa mal en este tipo de viajes, esto no es del todo cierto pero sí que no es para mi, al menos al día de hoy.
 
Quizás cuando sea un soldado mas viejo y mas estropeado de lo que soy ahora me decida a repetir la experiencia.
 
Lo que si espero es tener mejor gusto y que otro espíritu crítico como el mío no llegue nunca a verme como yo vi a esos cruceristas murcianos semianalfabetos presumiendo de haber estado en lugares maravillosos en los que solo espíritus audaces e intrépidos y no con carteras repletas de euros deberían tener opción de ir y conocer.
 
Antonio J. Mérida
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