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Sáb, Dic
4 minutos de lectura ( 744 palabras)

Bytes, puntos y papel

Existen sin lugar a dudas muchos parámetros donde medir el grado de madurez de una sociedad civil.
Uno de estos termómetros, es el cuidado que se presta a las persona de edad, o con algún grado de discapacidad o como se dice ahora de funcionalidad reducida.
 
La sociedad española en general ha dado para quien sea observador de estos avances, un paso de gigante en cuanto a solidaridad, generosidad, y también hay que decirlo justicia para con las personas que como digo tienen algún grado de disminución funcional ya sea esta orgánica, psíquica o simplemente por el imparable transcurso de los años.
Quien tenga memoria y recuerde como eran nuestras ciudades hace algunas décadas o simplemente viaje en el momento actual por países que no sean -que injusta denominación- del primer mundo, podrá observar el importante avance que se ha experimentado en el intento de hacer nuestras ciudades mas accesibles y humanas.
 
Hoy dia consideramos como algo absolutamente normal que los bordillos de las aceras estén en las esquinas rebajados, que los semáforos sean también sónicos y que el transporte público disponga de unidades accesibles con rampa y elevadores, lugares especiales de acomodo así como servicios organizados como el de Atendo y tantos otros de ayuda al ciudadano viajero con funcionalidad diferente o reducida, en aeropuertos y demás centros de tránsito, si bien todos sabemos que existe mucho camino todavía por recorrer en este campo. No obstante confieso que recientemente me ha llamado la atención el respeto y la sensibilidad mostrada hacia el elector invidente, posibilitando su autonomía personal, arbitrando un sistema para votar a través del sistema braille de comunicación táctil.
 
Sin lugar a dudas los espectaculares avances en la comunicación digital y la informática harán de este extraordinario sistema de escritura y lectura decimonónico para invidentes algo posiblemente anacrónico en breve, y esto seguro llegara, cuando pueda estar plenamente desarrollado el sistema de trasmisión y recepción de información a la voz de manera plenamente eficiente - lo que ya prácticamente esta- cuando no con la interpretación digitalizada de la propias ondas cerebrales. Confieso que para el que esto suscribe se trata de algo absolutamente de ciencia ficción pero mas pronto que tarde estos avances serán algo sin lugar a duda de uso habitual.
 
Fue Hellen Kéller quien dijo “que los ciegos están en deuda con Luis Braille como el resto de la humanidad lo están con Johannes Gutemberg”. Y no deja de ser extraordinariamente cierto este comentario.
 
A Luis Braille se le debe el gran honor de poner la lectura y, por ende, el acceso a la cultura escrita en “manos” –nunca mejor dicho- de las personas invidentes. Este sistema de puntos en relieve que vio la luz en Francia en 1829, gracias a la iniciativa de un joven que, aunque no ciego de nacimiento, pronto tras perder en accidente un ojo, por oftalmia simpática, quedo invidente, debiendo ingresar en una institución especializada pionera en su época, “La Institución Royal de Jeunnes Aveugles”, en Paris, donde se aprendía a leer mediante el sentido del tacto sobre signos del alfabeto romano, tipografiados en relieve. Este sistema resultaba muy poco práctico y fue el joven Luis Braille quien, inspirándose como el mismo reconoce, en un sofisticado sistema de escritura encriptada que con fines militares había previamente idea el capitán de artillería Charles Barbier de la Serre, lo perfecciona y simplifica dando lugar al sistema táctil que hoy disponemos bautizado y conocido universalmente por el apellido de su autor, el sistema de lectura y escritura Braille.
 
Este original método para quien lo desconozca se basa en seis puntos en dos hileras verticales de tres puntos, permitiendo con ello la creación de 64 combinaciones diferentes, número este mas que suficiente para cualquier alfabeto.
 
Personalmente espero y deseo que sin dar la espalda a los formidables avances de la era digital, pueda el invidente seguir leyendo y escribiendo en Braille como así espero y deseo que el soporte en papel en la trasmisión de la información, la literatura y la cultura escrita, no desaparezca -al menos mientras yo viva- aunque observo signos preocupantes viendo a los estudiantes universitarios de hoy licenciarse sin adquirir ni tan siquiera un solo libro, estudiando los mas, directamente en la pantalla de su ordenador, lo que me entristece y preocupa y desde luego me hace pensar sino esta ya realmente finiquitado el disfrutar del dulce olor de la tinta y el papel.
 
Antonio Mérida
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