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06
Jue, Oct
5 minutos de lectura ( 1043 palabras)

Amago de divorcio a la europea

En estos momentos de importancia vital para Europa comienza a hacerse notar algo que sin duda, tiene visos de ser corregido a corto plazo o las consecuencias podrán ser considerablemente negativas para el buen funcionamiento de la economía en el continente. La desangelada postura de algunos miembros de la llamada Unión Europea para con los migrantes venidos de la barbarie que se vive en sus países de origen es sin duda, un serio varapalo a las bases de su creación como nexo de colaboración entre naciones integrantes de la misma.
Si la crisis económica y la recesión posterior de los Derechos básicos a los que los ciudadanos tenían acceso ha sido causa de desacertadas posturas por parte de algunos miembros de la coalición, es ahora la masiva llegada de refugiados la causa que separa posiciones dentro del organismo. Puede que con estas aptitudes poco beligerantes por parte de algunos dirigentes europeos sea el comienzo de modernizar los mandatos a seguir para continuar siendo miembros de hecho de la Unión Europea.
No se puede combatir la llegada de inmigrantes a la zona con la construcción de barreras con las que frenar el intento por llegar allí donde esperan contrarrestar las penurias de un viaje a la esperanza; sin menospreciar en nada a quienes desesperadamente buscan auxilio es comprensible la preocupación de los gobiernos por intentar no colapsar lugares ya de por sí atestados y en los que no vale más recurso que ser trayectos de paso; dejar para otros muchos llegados a diario con el objetivo de escapar de la miseria y la muerte. Hemos pasado por alto algo que por evidente, tarde o temprano saldría a relucir con la avalancha de problemas que la Unión Europea iba desgranando con el paso del tiempo.
Lo que se comenzó como un avance en la unión de países dentro del mismo continente con la idea de protegerse de las dificultades comerciales, la salvaguarda de una economía prominente, el intercambio cultural que atraería progreso a los integrantes o el amparo ante sucesos imprevistos, se está convirtiendo en un dilema difícil de definir por los diferentes intereses de cada uno de sus miembros.
Es incomprensible la desafección que comienza a hacer mella entre los integrantes de la Unión; unos tratan de evitar sus obligaciones aludiendo conclusiones de calado interno con las que apartarse de lo dispuesto en las normas europeas a las cuales se sometieron al hacerse participes de la misma, mientras otros tratan de aplacar el  impacto de la llegad a Europa de miles de inmigrantes. Puede que sin más, los mandatarios comprometidos fuercen a los menos dados a aportar esfuerzos en un intento por equilibrar dicho impacto, sin mencionar que las obligaciones dispuestas son normas establecidas para ser cumplidas y no pasarlas por alto al primer impulso sin tener que dar las explicaciones requeridas para tal hecho; pero puede que la Unión Europea necesite un cambio en su origen, al igual que en los países miembros las circunstancias no son las mismas que cuando fue creado el organismo europeo y por tanto, sea de derecho impulsar nuevas normativas a ser cumplidas por mandato de todas las naciones interesadas.
Los momentos de dar muestras de fuerza comienzan siempre cuando aparecen problemas que solucionar con el atajo de los mismos antes de que estos se multipliquen, sin una Unión Europea fuerte el compromiso de ser un conjunto evidente de fortaleza mundial se queda en una nulidad extrema que tendrá calado económico en el tiempo. No se trata de dar muestras de debilidad ante la toma de decisiones por parte de las altas jerarquías de la UE en estos momentos, sino de fortalecer esos lazos y acogerse a ese enlace para salvar los obstáculos que se le presenten. La crisis ha dejado y está dejando muestras de haber traído debilidad a muchos colectivos sociales, el desempleo reinante en los países de la Eurozona es más que significativo y el acceso a la sanidad comienza a ser preocupante en algunas partes del continente; no son sin embargo datos a tener demasiado en cuenta a la hora de atender la demanda que se nos ha venido encima y si la de aunar si cabe más fuerza para salir lo más airosos del problema y asentar bases consistentes en el futuro.
Las uniones son fáciles de construir en un corto espacio de tiempo, falta tan sólo el deseo de sus integrantes para confeccionar un enlace duradero; es su destrucción la que se va confirmando poco a poco, difuminándose en el tiempo sin apenas darse cuenta y eso es lo que está ocurriendo con la UE. Primero fue la crisis galopante que se ha llevado numerosos derechos la que comenzó a sacar a flote la debilidad de la UE y ahora viene a sumarse a este gran dilema la llegada de un nuevo conflicto de intereses entre naciones de la UE con las personas que buscan cobijo entre sus fronteras.
La gran Alemania se ha postulado significativamente como la más solidaria del conjunto de naciones de la coalición, bien por su hegemónica posición de potencia de la misma, por su fortaleza económica superviviente a pesar de la crisis o por empatía pero no hay duda alguna que desde el comienzo de la oleada de inmigrantes hacía Europa no ha dejado ni un momento de alentar a sus ciudadanos para colaborar en la solidaria necesidad de ayuda a los refugiados. Ahora, una vez llegado el momento crucial de no dar más de sí, pide ayuda a los demás integrantes y de serle denegada dicha colaboración tendrá que tomar cartas en el asunto.
Vamos a dejarnos de barreras, de faltas de respeto a los Derechos Humanos y de tratar a los inmigrantes como una casta diferente; somos miembros de un mundo loco, en un momento desafortunado para la economía mundial y con el postrero deseo de salir de ella sin tardar demasiado. Puede que la colaboración ahora dada para salvaguardar los derechos de los migrantes sea en poco menos de una década provechosa para nuestro resurgir como Unión Europea y que esto valga para atender con regularidad las normas que se establezcan, fortaleciéndolas cuando sea menester o incluyendo otras nuevas al ritmo que la sociedad vaya marcando.

Juan Antonio Sánchez Campos

15 Septiembre de 2015
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