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06
Jue, Oct
3 minutos de lectura ( 671 palabras)

Pelotazos de insultos

Los contextos varían pero bajo el concepto de corrupción salen nuevos casos a relucir que enturbian las aguas ya demasiado ponzoñosas de las administraciones y a las que se agregan otras formas sobre las que sobrevuelan sobornos, comisiones insultantes o deformaciones de la honestidad en pos de una desenfrenada avaricia dineraria a la que poco importa la decadencia del resto de su entorno.

Todo parece susceptible de ser amañado o variado de la trayectoria para la que fue conferido si por medio hay cientos de euros esperando alguien con la suficiente ausencia de ética para llevarse al bolsillo. Si la regeneración política comenzaba a hacerse hueco en un panorama de desproporcionada ausencia de control a integrantes representativos de nuestro país, vienen a darse un baño de sintonía personajes del deporte a nivel mundial dados a una imagen que en nada tiene que ver con la realidad de sus intenciones. Suma y sigue parece ser la auténtica obsesión de los hacedores de malversar dinero ajeno a costa de los pingues beneficios obtenidos mediante la celebración de eventos a nivel internacional, publicidad en sus sedes e inyección de abultados sacos por la retransmisión en los medios de radiodifusión públicos y privados.

La cárcel, ese edificio construido para doblegar las malas artes, para integrar socialmente a quien resbalase de unas normas establecidas y se lucrará con ello no parece tener hueco en el pensamiento de los que se valen de la confianza ajena en pos propio alejándose de la legalidad sin temor a ser cogido infraganti. Es decir, que el dinero puede más que la justicia a pesar de que esta se hizo con la premisa de mantener normas sociales y servir de añadidura a los derechos de las sociedades.

Pues son otros los edificios a los que esta gentuza tiene la ventaja de visitar que en nada parece a las rejas de unas instalaciones carcelarias; buenos hoteles, suites de primera y servicio a capricho son los aspectos significativos de los ladrones de guante blanco extrapolables a la administración pero residentes de igual forma en los organismos de marcado carácter por lo boyante de sus cajas.

Pero la avaricia tiene límites y antes o después la justicia vendrá a pasar revista de las innumerables faltas de honestidad de quienes se situaban como todopoderosos inmunes en la opacidad y con la transparencia ofensiva de sus grandiosos y privados resultados. Los números, si se añaden varios ceros detrás, suelen salirse de las casillas de resultados sino por casualidad sí por deducción y esto no sólo ha pasado en nuestro país con las cajas ocultas de los partidos o los sobres cerrados de los comisionistas, también con los recursos de los desempleados o las grandes infraestructuras urbanísticas en toda nuestra geografía. Ahora se nos presenta una nueva causa a sumar ceros a los números que creíamos no nos comprometía en nada; los que pitaron fuera cuando el balón estaba aún en el terreno de juego deben ahora ser tratados como su osadía merece dándoles de lleno en su duro rostro con la tarjeta del despido inmediato en lugar de la expulsión momentánea.

Ciudadanos de todos los países se ven escépticos ante las muestras de miserable trapicheo de un organismo al que se creía ejemplar y que ha resultado ser un zulo de timadores, ladrones de malas artes y ricos que se creen con el poder de decidir a su antojo sin mirar a quien dañan con sus caprichos. Las líneas de actuación de la justicia se alinean para describir una trayectoria con la que acabar con los abusos de cualquiera que trate lucrarse desmedidamente a costa de un dinero destinado a otras artes que aunque no marciales se aprecian del todo ofensivas.

Ya no hay goles fantasma, el radar de la justicia tendrá a bien tratar de impedir que lo justo sea apreciable y el descontrol desmedido de administraciones públicas, organismos internacionales o empresas privadas, sea catalogado como debe sin pararse a mirar el color con que se haga.

Juan Antonio Sánchez Campos

04 Junio de 2015

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