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Sáb, Dic
4 minutos de lectura ( 741 palabras)

Sarah Palin, un fallido contrapeso

Esta semana se cumplen 6 años de las elecciones presidenciales de Estados Unidos en las que Barack Obama se destapó como nuevo icono político. Aquella campaña tuvo otra gran protagonista: Sarah Palin.

La Historia nos ha demostrado que es necesario recordar el pasado para no cometer los mismos errores en el futuro, por ello, es necesario analizar los motivos que llevaron a convertir el nombramiento de la número 2 de McCain en un sonoro fracaso.

Comencemos por el principio. A mediados del año 2007, el entonces Presidente de EE.UU., George W. Bush, obtenía el peor índice de popularidad de la historia de Norteamérica.

Comienzo con este dato puesto que muchos politólogos consideramos que son pocas las ocasiones en las que la oposición gana unas elecciones. Más bien, las suele perder el Gobierno.

Este punto de partida condicionaría la carrera hacia la Casa Blanca durante el siguiente año. El senador McCain volvió a pelear por la presidencia, tras haberlo intentado durante el año 2000, tratando de recuperar los valores conservadores de los que el partido se había alejado.

Uno de los mayores hándicaps para McCain era el hecho de optar a la presidencia con 72 años. De haber ganado, habría sido el Presidente de mayor edad en la historia del país.

Esto, sumado al mediático efecto Obama, le hizo perder el apoyo de los principales medios de comunicación del país. Muchos vieron en McCain la representación del pasado mientras que Obama encarnaba el futuro.

Era evidente que los conservadores necesitaban dar un golpe de efecto, un revulsivo que les hiciese conectar con el desencantado electorado conservador.

Aquel estimulante acicate tenía nombre y apellido: Sarah Palin. Un rostro nuevo en la política norteamericana con cuyas palabras demostraba ser una auténtica conservadora: contraria al matrimonio homosexual o al aborto, defensora de la familia, miembro de la Asociación Nacional del Rifle y capaz de conectar con el sector femenino, mientras que con su lenguaje no verbal nos decía ser una mujer con experiencia, solvente, segura de sí misma y capaz de enamorar a la cámara gracias a un buen físico y a una cuidada estética.

A priori, el factor sorpresa de su elección parecía ser la fórmula necesaria para repuntar en las encuestas pero experimentar en política conlleva sus riesgos. Del cielo al infierno hay muy pocos escalones y el jarrón de porcelana terminó por romperse.

Palin pasó de ser la madre de una familia modélica (incluido el cuidado de uno de sus hijos con síndrome de Down al que llevó a varios actos de campaña) a tratar de ocultar el embarazo de su hija menor de edad para mantener la aureola de familia perfecta.

Sus lapsus o gazapos fueron continuos durante aquella campaña. De señalar a la dictatorial Corea del Norte como un gran aliado, a decir que desde Alaska se podía ver Rusia, pasando por su incapacidad para nombrar un solo periódico que leyese habitualmente.

Es cierto que en sus inicios encandiló a buena parte del público conservador pero su escasa experiencia política termino pasándole factura. Antes de Gobernadora de Alaska, Palin únicamente había ejercido como Alcaldesa de la pequeña localidad de Wasilla en la que residía (poco más de 7.500 habitantes).

El humor en EEUU es un activo fundamental en el ámbito político y por aquel entonces corría como la pólvora un chascarrillo que venía a decir que entre un alce y Sarah Palin había una semejanza y una diferencia: ambos eran de Alaska, pero el alce era muy inteligente y Sarah tenía un bonito pelo.

Y es que los asesores de McCain creyeron haber encontrado a la moderna Dama de Hierro de EE.UU. tras valorar el continente y no el contenido. Ahí radicaba la gran diferencia con Obama.

Una historia que plasma a la perfección la película de la HBO “Game Change” y en la que al final podemos escuchar a McCain lamentándose de que “Sarah Palin es incapaz de mencionar una sola decisión del Tribunal Supremo mientras que Obama era profesor de Derecho Constitucional”.

Hace ya 6 años de la que para muchos fue la más errónea elección política en mucho tiempo. Una apuesta populista que hoy en día está en alza y de la que podemos empezar a ver los síntomas en Europa y España.

Los asesores de McCain reconocieron que los datos demostraban que debían de hacer 4 cosas: recuperar a los independientes, animar a las bases, distanciarse de la administración Bush y acortar las diferencias entre ambos sexos


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