Ayer cayó en mis manos un pantallazo. Rufián -con mayúscula o minúscula me refiero a la misma persona- se autoalaba con un perfil fake en twitter.

Pero lo más gracioso es que ese perfil se da a sí mismo las gracias por la alabanza. Parece que Rufián se equivocó y en lugar de contestar desde su cuenta de Twitter, lo hizo desde el perfil fake.

Es lo que tiene manejar con el mismo dispositivo tu cuenta real y las cuentas fake de corifeo. Todo un ejemplo de cagada en la comunicación política.

Rufián siempre es un contraejemplo de lo que hay que hacer. Basta proponerse hacer lo contrario para acertar.

 

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