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La permisividad de un debate insustancial

Las expectativas se confirmaron a medias, los integrantes de un debate esperado por miles de ciudadanos y ciudadanas sin un claro favoritismo y falta de determinación a escasos días de la celebración del acto democrático a elegir quien le representará y salvaguardara esos derechos que la Constitución les confiere durante los cuatro venideros años, se enfrascaron en un error al que ya nos tenían acostumbrados durante el cual se hablo en ocasiones más del antecesor en el cargo de Presidente del Gobierno al Sr. Rajoy, José Luis Rodríguez Zapatero, que al hecho trascendental de presentar un programa coherente a los televidentes y radioyentes expectantes, durante el transcurso de un acalorado debate en ocasiones y un alegato de desbandada cada vez que salía a relucir un tema que no atendía a las aspiraciones del contrario.
El uso de la desacreditación personal continuada del candidato socialista Pedro Sánchez, sirvió para confirmar que en las distancias cortas, sin el escudo del plasma, no hay escapatoria posible al hecho confirmado de una corrupción desaforada de representantes del partido en el Gobierno. Cosas como “todo aquel que ha hecho algo ilegal dentro de las filas de mi partido, ha sido cesado de manera fulminante”, cuando en la actualidad, hace escasas fechas, conocimos la desfachatez de uno de sus colegas, diplomático internacional o un representante de medios públicos, aún en la actualidad aferrados a sus filas. La ridícula manera de dar a entender que el PP ha bajado los impuestos varias veces, sin decir que antes los había subido de antemano, quedo penosamente grabado en la memoria de los oyentes.
Puede que las palabras más repetidas de todo el debate como fueron las pronunciadas por el Sr. Sánchez “mentira”, “mentiroso”, “no decente” o “deshonesto”, valieron para sacar de sus casillas a un candidato popular que a pesar de estar curtido en anteriores debates, puso un desmedido énfasis en alegar que “eso no se lo permito”, “lo que tiene hay delante es un panfleto socialista”, “usted no sabe lo que está diciendo”, “nunca ha sido nada en política”, en definitiva, una jungla con dos leones hambrientos a los que el moderador no tuvo siquiera tiempo de repartirles un pedazo de sosiego.
Oír números, estadísticas, balances, acepciones retóricas de carácter económico de las que en algunos determinados momentos sobresalían sin demasiada fuerza fogonazos de proyectos fue la dinámica de un debate, solo ligeramente mejorado por la agresividad del líder socialista, lanzado “a tumba abierta” sobre lo que ya resulta, aún ganando las Elecciones el partido que representa, “un cadáver político” preparado para ser relevado cuanto antes.
Nadie gano realmente un debate concebido para presentar programas, difundir proyectos, atraer esperanza a la sociedad y definir sobriamente que es posible ganarle a la crisis sin someter a la ciudadanía a nuevos esfuerzos y sacrificios a los que no está dispuesta, sino que es prácticamente imposible de sostenerlo, con la precariedad económica en varios cientos de miles de hogares españoles. La objetividad a la hora de tratar el uso indiscriminado de la hucha de las pensiones no fue contestado por el Sr. Rajoy como la importancia de semejante vacío merece y la ansiedad se hizo patente, de la misma manera cuando alentó cifras su opositor de estudiantes universitarios, tasas o becas y solo acertó a replicar con un “cada uno puede estudiar lo que quiera”, será lo que puedan sus progenitores y la economía familiar pueda permitirse Sr. Presidente. Claro que los allegados a su entorno ningún problema tienen en estas cuestiones al servirse de sus pingües ingresos, con los que rellenar las aulas de los centros y universidades privadas.
No hay que dejar irse de rositas al candidato del PSOE, demasiada soberbia ya hemos visto que no es buena consejera; cuando se da por sentada una afirmación está hay que demostrarla y no repetir varias veces la misma arenga sin contestar cómo y cuándo. Sin embargo, estos detalles quedaron oscurecidos por el continuado y repetido pasaje de una defensa baldía realizada por el Presidente hasta el día 20-D, Sr. Rajoy, que se quiso llevar al terreno económico todo el debate basándose en que si el empleo sube todo se soluciona. Pide una legislatura para llegar a los veinte millones de trabajadores en el 2020 y lo dice asegurando que la bolsa de las pensiones se beneficiará del aporte que ya están llevando a cabo los nuevos empleados llegados al mercado laboral; esos que son cotizantes nuevos con sueldos viejos, con unos ingresos tan precarios como insuficientes para sobrevivir dignamente en el caso de muchos hogares afectados por el paro de larga duración que el líder popular niega y que se puede confirmar sin demasiado esfuerzo.
Lo de la Ley de Dependencia es denigrante, una ley redactada, leída, corregida y promulgada para servir de apoyo y sustento a las familias con un miembro afectado de una enfermedad que precisa tratamiento y cuidados especiales, ha resultado un fiasco como una casa, los dependientes “sí, es cierto”, mueren sin que las ayudas les lleguen o viven en la indigencia por falta de todo tipo de recursos. La pelota se va moviendo del Gobierno Central al Autonómico y de esté al Municipal sin que en toda está travesía el que se presume protegido por la Ley, vea una forma digna de sobrevivir a su enfermedad o de que algún familiar perciba ayudas indicadas para favorecer el estado del enfermo y del cuidador en cuestión, sintiendose en el más indigno desamparo por parte de la Administración.
Todo una comedia de esas sin final aparente que dejan al telespectador con un palmo de narices tras casi dos horas de palabrería y demagogia; los dos principales partidos en vías de conseguir un electorado capaz de otorgarles el favor de entregarles las llaves de Moncloa han desaprovechado el tiempo, utilizandolo para ponerse a caldo y dejar seco el ambiente, y eso que todo comenzó con una lluvia que parecía predecir un debate más mojado al que desde luego, el actual Presidente no tuvo a bien hacerlo. Se le olvido al Sr. Rajoy que todo lo que pasa en los Consejos de Ministros y lo que estos dicen son cosa suya, que los líderes arrastrados por la usura y avarientos de dinero que han engrosado las listas de cargos de representación notable estaban a su mando; que un error como el cometido por ser él quien lo nombro, el del Sr. Bárcenas y una conversación de fábula infantil en una red social le indicaba la puerta de salida del Gobierno y por el contrario, se agarró al sillón del despacho; ese despacho que tenían en la sede popular decorado con dinero no declarado que seguramente valió para comprar el martillo con el que destrozar el ordenador que iba a ser requisado.
A los puntos, por los pelos y sin que sirva de precedente, el socialismo ha ganado algo con esté debate y el partido en el Gobierno tiene aún mucho que perder hasta la llegada del 20-D. No seamos por ello inconscientes y apartemos la vista de los partidos que ayer se frotaban las manos, brindaban con champán y puede que hasta se les subiera a la cabeza la efusividad del momento; estos aún no han demostrado nada y por ello seamos lo perspicaces que la situación requiere. El peligro de las coaliciones y los pactos urdidos de antemano siempre están presentes, la presumible credibilidad de los candidatos es algo incierto como ya se ha demostrado en demasiadas ocasiones y los programas hay que leerlos, ver la coherencia de los mismos y asimilar que aunque los milagros no existen por mucho que el Sr. Rajoy hizo ver a la ciudadanía  que comenzaba a sufrir la crisis, pueden resultar al final argucias de tahúr político.

Juan Antonio Sánchez Campos

15 Diciembre de 2015
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