Sidebar

02
Vie, Dic
5 minutos de lectura ( 1095 palabras)

Usando carbón para lavar la cara

Cada día que pasa nos vamos dando cuenta de lo mal que se han hecho las cosas durante décadas en nuestro país; no desde la llegada del PP al Gobierno en noviembre de 2011 que trajo la austeridad y el desaliento a la sociedad, sino en años anteriores, en los que la bonanza económica superaba con creces la curiosidad por saber hacia dónde nos encaminábamos con semejante Estado de Bienestar y una Calidad de Vida jamás soñada por el ciudadano mediocre asentado aun así lejos de esa clase media ahora desaparecida en el combate del Gobierno contra unos molestos competidores de tres al cuarto.

Nos envenenó la desfachatez de la clase política aspirante a mantener callada la boca de la ciudadanía mientras ellos seguían traicionando sus propias ideologías de bipartidismo estudiado a conciencia y eso nos sujetó de manos y pies para sufrir las consecuencias a posteriori.

Las consecuencias imprevisibles vinieron de la única forma posible, la desprotección de la economía familiar, la desaparición del empleo y el desbarajuste de unos servicios públicos que parecían acorazados dada la dimensión de grandeza de esté país. ¿La culpa? Pues hay gentes que opinan con agravio a la sociedad que la tuvimos los ciudadanos por ser complicas de los bancos, por gastar lo que no teníamos para demostrar lo que no éramos o por simplemente, dejar al libre albedrío de los ejecutivos de la banca el destino de las familias.

Ahora ya nadie se acuerda de los ciudadanos en la calle, de aquellos que se sometieron a un sistema que les aportaba los ingresos necesarios para adquirir una vivienda amparándose en los ingresos derivados de un empleo que se suponía fijo; que pusieron el primer peldaño para crear un hogar y formar una unidad familiar con vistas al futuro. Un futuro que desapareció de improviso ahogándoles en la precariedad de la noche a la mañana y viéndose en la triste ruina. De las promesas dadas por los empresarios jamás se supo y el despido apareció en el horizonte como una marabunta de insolidaridad que se comió la ilusión de las familias ascabando con sus ahorros; los bancos han cobrado y sin embargo, nada ha recalado en la sociedad de esas ganancias con el grifo del crédito cerrado a cal y canto o reservado para los que tienen aun la confianza de los Consejos de Administración creados por miembros venidos desde diversas partes del plantel político a pesar de no tener idea de economía propiamente dicha, y que más da, si lo que cuenta es la apariencia y el amiguismo que traen en sus carteras.

Las cosas no podían ir a peor hasta que empezaron a ir, con unas reformas insolidarias contempladas por el Gobierno para acelerar la diferencia de clases. La palabra austeridad se ha apropiado de la sociedad atrayendo con ella golpes de miseria continuados en las clases más sensibles. Nadie se atreve a crear una familia y nos estamos haciendo viejos en pocos años, con una esperanza de vida cada lustro menor y una périda continuada de derechos encaminados a dejar bien nítida la diferencia entre la clase pudiente y la trabajadora a sueldo de saldo, lo justo para ir pagando los recursos básicos.

No se pueden crear familias por la sencilla razón de tener una falta total de recursos para ello; por carecer de un trabajo digno para poder pagar una vivienda digna a la que los jóvenes no pueden acceder y que pronto los que pudan hacerlo tendrán que sufrir el infortunio de no poder desgravarse en su declaración de IRPF. Las reformas fiscales que este Gobierno presenta con total desparpajo alegando darnos lo que nos han quitado no dejan de ser ofensivas. Tratar a la ciudadanía de idiotas parece ser costumbre en la clase dirigente y el Sr. Rajoy da por descontado que todos lo somos a la hora de apuntarnos como modelo de pueblo demodrático; lo de la pobreza infantil no parece preocuparles lo más minímo ni a ellos ni por supuesto a Bruselas, o a la canciller alemana, y cada día el umbral de pobreza se hace más evidente. Que los niños pasen hambre en España no es una vulgaridad, es una realidad palpable a la que no quieren enfrentarse y eso les priva de la poca honradez que les pueda quedar. Que la población envejezca tampoco va con ellos, al fin y al cabo, solo otra legislatura y a cobrar la pensión de jubilación pertinente por defensor de la sociedad a ultranza.

Que todo pudiera ser diferente si existirá una oposición digna que intentase frenar tanta osadía mayoritaria del PP es posible aunque, en eso también hemos dado en hueso. Cuando el supuesto partido capaz de llevarlo a cabo se encarga por si sólo de ser su propia oposición poco podemos esperar de él. Así, de esa forma tan irónica o increíblemente incomprensible se maneja el socialismos en España; la base republicana del mismo parece tenerles inquietos y tratan de mantener intacto un Pacto de Estado viejo, añejo y nauseabundamente obsoleto. Y es que no basta con abstenerse en la obcecada impaciencia del Gobierno por aforar al ex de la monarquia, ni es de valientes negarse a tal osadía pues, al fin y al cabo, la ley será aprobada digan lo que crean conveniente por la mayoría parlamentaria de un partido lleno de egocentristas.

Nos supera la desconfianza del trato al que acceden demasiados personajes, ese aforamiento que encumbra cualquier posible motivación a pedir cuentas pero que debería terminar en el fuero penal y no taponar la probabilidad de poder enjuiciar al personaje por posibles delitos civiles. Pero lo que realmente nos preocupa es seguir manteniéndonos de pie, sobrevivir a una escalada de pobreza que comienza a ser insostenible degradando al ciudadano de esté país de fprma continuada; nos preocupa tener que pagar mañana por trabajar hoy dada la confianza que el Gobierno tiene en la Reforma Fiscal presentada; nos entristece no poder tener la probabilidad de ser abuelos con dignidad o padres con posibilidad de subsistencia de la familia; nos deja escépticos la insensatez política provistas de demasiada fuerza en la mayoría con la que hacer lo que le venga en gana sin nadie que se lo impida; nos comienza a dar pavor la falta de recursos de los ciudadanos para dar a sus hijos una enseñanza suficiente y además de ello nos molesta ser tratados por la clase política dirigente como idiotas a los que enseñarles el caramelo de la prosperidad para ganar votos y una vez logrado el objetivo quitárselo para guardarlo hasta nueva orden, o necesidad.

Juan Antonio Sánchez Campos

24 Junio de 2014
0
×
Stay Informed

When you subscribe to the blog, we will send you an e-mail when there are new updates on the site so you wouldn't miss them.

La importancia del relato
El estancamiento del gobierno municipal
 

By accepting you will be accessing a service provided by a third-party external to https://blog.madridactual.es/

LO MÁS POPULAR