“En igualdad de condiciones, la explicación más sencilla suele ser la más probable”. Reconozco que en multitud de situaciones me he guiado por este principio del fraile franciscano del medievo. Sin embargo, esta vez no me es de ayuda para comprender el esperpento que protagonizaron ayer la mayoría de diputados del PP en la Asamblea de Madrid. 

Ciudadanos presento una iniciativa pidiendo una regulación de la maternidad subrogada. Dejando a un lado la ambigüedad que caracteriza a esta formación política en cuanto a los valores, la propuesta no era del agrado de la izquierda radical de Podemos y provocó división de opiniones en la moderada del PSOE.

Pero la sorpresa vino con la posición oficial del Grupo Popular: apoyo a la iniciativa, eso si, con una enmienda para que la maternidad subrogada no tenga ninguna contraprestación económica.De un plumazo tiraban por tierra la postura oficial del partido en materia de familia. Una posición que es apoyada por un amplia mayoría del electorado y por una aún mayor de su militancia.

Esto provocó que algunos diputados pidieran votar en conciencia (como si tuvieran que pedir permiso) y que el portavoz del Gobierno dictaminara que no era una cuestión de conciencia (como si tuviera autoridad para decidirlo). Por otro lado la persona que más se descalificó así misma fue el portavoz de los populares, tachando de “mojigaterías” los recelos de los diputados y amenazándoles con multarles si incumplían la disciplina de voto. Afortunadamente, PP y Ciudadanos perdieron la votación por la insumisión de tres diputados populares.

Con todo, lo que más me ha sorprendido de este asunto ha sido una frase empleada por la presidenta de la Comunidad de Madrid y de la gestora del PP de Madrid para defender su postura: “Debemos ir acompañando a la sociedad en lo que la sociedad piensa”. La sentencia es a todas luces desafortunada, si bien es propia de la llamada nueva política, cimentada en platos de televisión, tertulias de radios o redes sociales y alejada de la mesura, la templanza y la visión necesarias para afrontar los problemas de nuestra sociedad.

Tengo la esperanza de que sean unas palabras pronunciadas al azar y nada más. Alguien que aspira a ser líder debe tener clara una máxima: no es seguir, es ser seguido.