Sidebar

03
Lun, Oct
9 minutos de lectura ( 1705 palabras)

El cambio desde los valores

Ante el día mundial del medio ambiente, más que preguntarnos sobre los distintos impactos que el estilo de vida del primer mundo está causando en el planeta y seguir analizando y debatiendo sobre evidencias como el cambio climático o la pérdida de biodiversidad, deberíamos estar planificando como impregnar a nuestra sociedad y a nuestros ciudadanos de valores éticos ambientales.

Decía Confucio que "Si ya sabes lo que tienes que hacer y no lo haces entonces estás peor que antes". Y efectivamente, así nos va. Sólo cuando la ética ambiental forme parte del ADN de la sociedad, conseguiremos hacer las cosas de otra forma y dejaremos de poner parches tecnológicos que a la larga terminaran por manifestarse insuficientes.

Quizás en este momento, en el día mundial del medio ambiente, celebremos los éxitos que estamos logrando en vez de lamentar el mal comportamiento de algunas las empresas, la pérdida de biodiversidad y la injusticia ambiental que reina en el planeta. No debemos olvidar que muchos de los que se quejan son parte del problema y que mientras sigamos mirando las dificultades socioeconómicas dando la espalda a los ecosistemas en los que se sustentan las poblaciones, solamente avanzaremos por un camino equivocado.

Existe consenso en que la época actual exige maneras distintas de pensar. Al menos nos obliga a dirigir nuestra atención hacia hechos que, o bien siempre han estado ahí pero pasaban desapercibidos para nosotros, o que son novedosos por ser consecuencia inevitable de los recientes avances de la tecnología.

Mucho se ha escrito y dicho sobre los grandes problemas que en el presente aquejan a la humanidad, no sólo en lo referente al género humano, sino también al estado general del planeta. Cada vez hay más información sobre los peligros que implican para nosotros fenómenos como la destrucción de la capa de ozono, la contaminación en todas sus manifestaciones, la deforestación de los grandes pulmones de la Tierra, el peligro que significan los desechos radioactivos y más recientemente, el cambio climático y los productos transgénicos

Pero debemos ser conscientes de que al hablar de medio ambiente establecemos vínculos entre los elementos naturales y otras áreas del conocimiento. A mediados del siglo pasado Aldo Leopold se refería este hecho como una Ética para la Tierra, entendiendo este como un estadio evolutivo de la filosofía moral que incluyera el tratamiento de la relación entre el ser humano y la naturaleza. Sesenta y cinco años después podemos afirmar que la ética ambiental se ha hecho un hueco en el pensamiento filosófico aunque parece que su integración en los valores comunes ciudadanos es exigua.

Pero quedémonos con lo positivo, la ética ambiental es una realidad y avanza, aunque lenta, inexorablemente. Este hecho que podríamos calificar de éxito, se debe en gran medida a la enorme crisis socioecológica que amenaza al planeta, y en parte también a una sensibilidad que ha venido desarrollándose por parte de grupos de la sociedad que han hecho presión para que la problemática de la naturaleza sea un tema, tanto de agendas políticas en materia ambiental, como de participación ciudadana. Así vemos como en las últimas décadas, ha surgido con fuerza las políticas de hacer uso eficiente de los recursos naturales, sin comprometer las necesidades de futuras generaciones y el desarrollo de una economía hipocarbónica como único medio para adaptarnos al cambio climático. Sin embargo, aunque esta idea reconoce como urgente la solución de los problemas ambientales, su implantación no ha llegado tan lejos como debería, como demuestra el hecho de que los ciudadanos consideren que su injerencia en este tema está supeditada a las decisiones y medidas que tomen los gobiernos.

Urge redefinir nuestra actitud hacia el medio ambiente, lo cual implica un cambio profundo en nosotros mismos, en nuestras creencias y estilos de vida. Preguntas antes irrelevantes para la ética, como cuestiones relacionadas con nuestros hábitos alimenticios, medios de producción y sistemas de consumo entre otras, pueden considerarse ahora de una fuerte incumbencia moral. Fue el médico, teólogo y premio Nobel, Albert Schweitzer, quien expuso que "el gran error de toda ética, ha sido, hasta ahora, el de creer que debe ocuparse sólo de la relación de los seres humanos con otros humanos" y comenzó a marcar los inicios de la necesidad de desarrollar una ética ambiental para el ciudadano.

Pero tuvimos que esperar hasta el primer Día de la Tierra en 1970, para que los filósofos comprometidos con grupos ecologistas comenzaran a hacer algo sobre ética ambiental. Durante las décadas de los setenta y ochenta se desarrollaron decisivos programas medioambientales y nacieron organizaciones no gubernamentales como Greenpeace que han sido y siguen siendo un referente para el desarrollo e implantación de políticas ambientales.

En los 70 la idea de los filósofos y biólogos que comenzaron a preguntarse si tenemos obligaciones morales con los seres naturales no humanos, era dejar de ver al medioambiente como una "cosa" y protegerlo de la explotación humana. Se podía hacer uso racional de la naturaleza evitando su deterioro y respetando ciertos límites. Por otro lado el objetivo de filósofos como Stone, o ambientalistas como Muir, fue regular usos sin abusos en el sistema legal de justicia.

Entramos en una nueva forma de ver el mundo en donde los daños al medioambiente no se juzgaban sólo desde los intereses humanos, sino desde la imperante necesidad de asegurar protección a la naturaleza, reconociéndole un valor en sí misma. La expansión del círculo de la moralidad a la naturaleza traía consigo la expansión de la aplicación del concepto de justicia al mundo natural.

Desde entonces, las políticas más avanzadas, comenzaron a preguntarse cómo seguir explotando al planeta sin agotar las reservas, o al menos asegurándose de abastecer a los ciudadanos por el mayor tiempo posible, sin que eso necesariamente les implique un cambio drástico en sus estilos de vida. Como resultado de varias Cumbres Internacionales se ha llegado al consenso de lo necesario que es un tipo de desarrollo, o crecimiento —los distinguiremos más adelante— que "satisfaga las necesidades de la población actual, sin comprometer las de futuras generaciones". Ahora sabemos que la biosfera en la que vivimos, no puede soportar por mucho más tiempo el actual modelo de desarrollo, con las terribles desigualdades sociales y la degradación ambiental. El uso inadecuado de los recursos naturales constituye un problema que rebasa los límites de los países y requiere de una respuesta global.

Así, la compleja integración entre medio ambiente y desarrollo se construye sobre la noción de sostenibilidad. Con una visión integradora surge el desarrollo sostenible, donde el concepto se relaciona básicamente con la capacidad de un sistema para mantener su productividad frente a las perturbaciones. Dicho de otra manera, el desarrollo humano no debe sobrecargar las funciones ambientales, ni dañar la calidad ambiental del planeta.

Pero tras muchas cumbres mundiales y muchos días mundiales del medio ambiente, los problemas sociales y ambientales, lejos de solucionarse, se han agravado. El 15% de la población mundial vive en países de altos ingresos y le corresponde el 56% de todo el consumo del mundo, mientras que al 40% más pobre de la población mundial, le corresponde únicamente el 11% del consumo. Cada año se pierden 14,6 millones de hectáreas de bosques y miles de especies, reduciendo y erosionando irreversiblemente la diversidad biológica. El CO2 presente en la atmósfera (387 partes por millón) se ha incrementado en un 40% más que en el inicio de la revolución industrial alcanzando las mayores concentraciones en los últimos 20 millones de años, y hoy añadimos anualmente a la atmósfera más de 23.000 millones de toneladas de CO2, acelerando el cambio climático.

Además, cada año emitimos cerca de 100 millones de toneladas de SO2, 70 millones de NOx y NO2, 200 millones de CO y 60 millones de PM, agravando los problemas causados por el ozono troposférico y la contaminación atmosférica local. El consumo mundial de energía supera los 9.000 millones de toneladas equivalentes de petróleo, y más de 680 millones de vehículos, la mayoría en el Norte, circulan por costosas infraestructuras. Mientras cerca de dos mil millones de personas carecen de electricidad. La pesca excesiva, el sobrepastoreo, el consumo de leña, el empleo de plaguicidas y abonos, la contaminación, la producción de residuos y el crecimiento de las áreas metropolitanas, destruyen los recursos a un ritmo acelerado. Los cultivos transgénicos, inexistentes en 1992, hoy superan los 45 millones de hectáreas.

Así pues, es necesario no solamente que exista una disciplina que reflexione sobre nuestra relación con el mundo natural, sino que la ética ambiental debe ser parte del ADN humano y hasta que esto no suceda seguiremos enfrascados en sesudos debates y magnificas ideas que nos permitirán acostarnos con la conciencia tranquila, pensando que son algunos gobiernos los malos, que en lo referente a la atribución de responsabilidades nosotros, como ciudadanos, estamos eximidos. Y nada más lejos de la realidad, no debemos olvidar que los gobiernos son reflejo de sus ciudadanos y mientras que la ética ambiental no sea práctica diaria y siga limitándose a hacer teoría de algo que necesita una solución tan urgente como la actual crisis socioecológica, avanzaremos inexorablemente hacia el fin.

Para generar sociedades más justas debemos dejar de pensar y planear la protección de los elementos naturales desde el ámbito de lo individual. Una vez que reconocemos que los elementos ecológicos son bienes y su disfrute derechos, entonces comenzaremos a crear una sociedad justa. Es cierto que no debemos olvidar que para que la sostenibilidad sea un hecho, hacen falta leyes y políticas. Pero también necesitamos fomentar el desarrollo de ciertas virtudes que hagan ciudadanos concienciados respecto a la problemática ecológica. Aunque parece estar muy manido, aún no podemos abandonar el paradigma de que la tarea más importante es en relación con la educación, siendo uno de los principales retos el educar en los valores de la ética ambiental, sostenibilidad y justicia ecológica a las actuales y nuevas generaciones.

Los seres humanos tenemos la responsabilidad de dejar el planeta igual o mejor de lo que nos lo dejaron las generaciones pasadas, y la sostenibilidad ecológica es una vía para alcanzar un modelo de sociedad más justa. Por lo tanto, podemos obtener como reflexión final, que en la actualidad, ser un buen ciudadano se extiende a la naturaleza, y una persona responsable será por tanto, aquella que incluya a los no humanos al pensar en las consecuencias de sus actos.
0
×
Stay Informed

When you subscribe to the blog, we will send you an e-mail when there are new updates on the site so you wouldn't miss them.

¿Monarquía o República?
Yo no voté la Constitución

Artículos relacionados

 

By accepting you will be accessing a service provided by a third-party external to https://blog.madridactual.es/

LO MÁS POPULAR