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05
Mié, Oct
5 minutos de lectura ( 920 palabras)

Abriendo el corazón a la Navidad

Querido lector, quiero compartir contigo una pequeña confidencia que ha de ser un gran secreto susurrado en el oído en mitad de la noche. Un niño llora, ¿No lo oyes? Un coro de ángeles clama "Gloria a Dios en el cielo y paz en la tierra" ¿Lo has notado? Una madre acurruca a su hijo recién nacido en un jergón de paja y lo duerme con dulces arrullos... ¿Te lo vas a perder?

En medio de la noche una mujer junto con su esposo van buscando posada. Dos desconocidos en lejanas tierras llamados a inscribirse en un censo... dos como tantos otros. Todo está lleno, y lo que no lo está les cierra la puerta, no quieren problemas. Una mujer en cinta, un parto en poco tiempo... ¡No gracias! ¡No queda sitio! ¡No moleste!

José y María confían en la providencia pues un ángel les ha encargado una tarea. Dios proveerá.

 

María lleva unos días de viaje junto a su esposo, a ratos en burro, a ratos a pie... el cansancio, los dolores del niño que se va preparando para nacer, el polvo del camino, el frío, el hambre. Ven a lo lejos Belén, tan pequeña como siempre, con sus luces, sus chimeneas echando humo, llenan de alegría a nuestros peregrinos. Algo así como cuando llegas al monte Do Gozo y ves a lo lejos las torres de la catedral de Santiago. La alegría les inunda, "Cariño, ya hemos llegado, pronto te podrás lavar, calentar y acomodar para cuando llegue el bebé"

 

Pero cuando llegan está cayendo la tarde, todo el mundo está refugiado en casa, están preparando la cena de Navidad. El cordero se está asando en el horno, los hijos preparan la mesa, la madre está pendiente de que todo esté listo... Van llegando los invitados, se van sentando...

José llama a la puerta. "Lo siento, estoy ocupado". Más adelante, entre las risas y los villancicos de otra casa, ni siquiera responden a la llamada de José... Por fin encuentran a alguien. José le explica que no son de allí, que están buscando un rincón, que su mujer está en cinta y con dolores de parto. Le señala un lugar, allí a las afueras, os podéis meter en el pesebre, si mira, justo allí, por donde pasan las vías del tren hay un puentecito y unos cartones que hemos tirado al desenvolver los regalos... allí estaréis bien.

Se acaban los entrantes, el pulpo, las gulas, los percebes, el queso y el jamón y de la cocina llega humeante el cordero y el cochinillo, el besugo y el pavo. Son devorados mientras el wathsapp en el teléfono no deja de vibrar "Feliz navidad" llegan los turrones, polvorones y almendras garrapiñadas, la fruta y el roscón. "me ha tocado el regalo, soy el rey de la noche" "¡Oh no! ¡El haba! ¡Qué mala suerte!" nos vamos a dormir y mientras dormimos la casa se llena de regalos envueltos en papel de regalo...

Mientras tanto, allí, en el pesebre, en el cajero automático, o debajo del puente, o en la estación una madre tiene a su bebé en vuelto en pañales. Calentados con unos cartoncillos que se queman. Un ángel se aparece a los pastores, a los pobres que no tienen un hogar y que están por ahí pululando, oliendo los manjares de los hogares... se fijan en esa madre, un ángel les ha dicho que viene a salvarlos, que es el Hijo de Dios.

Él, el esperado de las naciones, al que todos ansían en sus vidas, no es recibido. ¡Qué paradoja! Prepara la fiesta de cumpleaños de alguien para celebrarlo sin él. ¿Te imaginas? El día de tu cumpleaños no te invitan a tu fiesta, y cuando llegas te dicen que coloques el garaje o te vayas a la compra, y cuando vuelves, ya han soplado las velas y comido la tarta.

Hoy, nos podemos dejar obnubilar por las luces, los turrones, los manjares, los papeles de regalo y perdernos lo importante. Lo verdaderamente importante. Si lo repito, Lo ÚNICO importante es Jesús que viene a salvarte, a rescatarte de la mediocridad, de la tristeza, de la tibieza, del sin sabor de la vida, de tantas cosas que nos apartan de lo importante, o mejor dicho, del importante, que es Él.

Cristo, el Hijo de Dios que viene a salvarte, que viene a colmar tu corazón, a llenarte de esperanzas, de alegrías, de gozo. Él que quiere llenarte tanto de su Amor que nunca terminará de llenarte. Jesús, el Dios que ha tomado tu carne, porque te quiere. Dios, el enamorado de su criatura el hombre ansía venir esta navidad a tu vida. ¿Le dejarás?

Que estas Navidades podamos contemplar al niño Dios cada vez que pasemos delante de nuestro Belén. Que nos reservemos un rato para estar con Él, para felicitarle por su cumpleaños, para estar con José y María, darles posada en lo hondo de nuestras vidas. Que este año, en definitiva, sea FELIZ NATIVIDAD, feliz porque el niño Dios ha entrado en nuestros hogares y nosotros en el suyo, feliz porque hemos entablado amistad con Él, feliz porque nos concede un hogar, unos alimentos, una familia que nos quiere y a la que podemos amar, feliz porque no hay nada que el niño Dios no pueda sanar y salvar.

Que este año, querido lector, sea para ti, una feliz Navidad, y así lo que comenzó siendo un secreto entre tu y yo, termine siendo la gran alegría que compartimos con todos gritándolo desde lo más alto de cada edificio de este nuestro querido Pozuelo.

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