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05
Mié, Oct
2 minutos de lectura ( 386 palabras)

¡Llega San Isidro!

Ya está aquí la gran fiesta de nuestra querida ciudad. Hay que sonreír y disfrutar de la capital. ¡Que estos días sirvan para recordar entre carcajadas y aplausos que ser madrileños es un alegato de alegría! No hay excusas ni impedimentos para que la tradición desborde las calles hasta encontrarse con la modernidad. ¡Que suene el cuplé, que se baile el chotis junto al indie y el jazz! ¡Que las gorras y los mantones se paseen por nuestras calles junto al vestuario más alternativo! ¡Que manolos, majos, chulos y chisperos brinden juntos por un presente solidario y un futuro mejor! ¡Que se coman barquillos y atrevimientos de vanguardia! No abandonemos esos detalles auténticos que, generación tras generación, han llegado hasta nosotros. Madrid tiene raíces, si arrancamos nuestro presente del pasado perderemos nuestra esencia. Hay que huir de aquellos que creen que con ellos ha empezado todo. Un niño, una niña vestidos de chulapos indican que ya es primavera. Dejemos a estas fiestas ser la pausa a tantos problemas, a tanta crispación, a tanto rencor. Brindemos con los enemigos, invitemos al desconocido y escuchemos al adversario con sinceridad. ¡Madrid está de fiestas, nuestro corazón también!

Madrid en mayo es gente compartiendo la pradera de San Isidro, pasacalles llenos de ruido, olor a vermú y una invasión de claveles. Madrid en verbena es una noche que quiere ser día y un día que quiere ser noche. Por la tarde se escuchan olés subiendo desde las Ventas. Las risas de Lavapiés atraviesan este cielo de Madrid de punta a punta.

Las fiestas de San Isidro deben invitarnos a la diversión, deben regalarnos arte y cultura, deben permitir que los religiosos sacien su fe, deben abrir Madrid al mundo para que los turistas no olviden nunca estos días, estas noches. Un San Isidro bueno hace que a miles de kilómetros haya siempre alguien diciendo “tengo que volver otra vez a Madrid”.

Desde aquí os animo a que vivamos las calles con intensidad, a que hagamos que nuestros hijos disfruten con los gigantes y cabezudos, a que charlemos más entre nosotros, a que nos contemos más cosas buenas. San Isidro ha llegado y no es una excusa, es una oportunidad para apostar por nuestros barrios, por nosotros mismos.  Ah, a los fundamentalistas del cambio les ruego tranquilidad, que castizo no es casta. ¡Felices Fiestas!.
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