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Dom, Oct
3 minutos de lectura ( 503 palabras)

Dimitir mal

Cuando uno tiene cinco años y ve un calvo por primera vez, sorprendido, dice “mira, mamá, un calvo”. La respuesta suele ser un niño, no señales, que está mal; lo cual aumenta la sorpresa. Descubre así que hay dos formas de actuar, perfectamente dicotómicas, que tras el paso del tiempo descubre perfectamente falsas. Como muy tarde a los veinte años cualquiera se da cuenta de que el problema no viene de elegir el bien o el mal, sino cuando ambas no son buenas, o ninguna es del todo mala.

 

La dimisión de Cristina Cifuentes nos sirve de muestra de que, por muy razonable que sea lo anterior, no siempre se actúa conforme a este sencillo pensamiento. Así hemos visto que hay dos formas de dimitir: la de Artur Mas, dignísima, porque, total, solo llevó al paroxismo institucional a toda una comunidad y a ratos a un país entero, y en el fondo, lo hizo por no lograr un objetivo prometido, asumiendo un espíritu mosaico, pero antes de llevar al pueblo a un paseo de cuarenta años por el más árido desierto; y la de la ex Presidenta, que se ha hecho “tarde y mal”, titular literal del periódico más leído, porque si no se hace en tiempo y forma se ve que no cuenta, como ganar la Copa de Europa, que no se trata solo de llevarse la copa, sino que además hay que… No sé sabe muy bien que más hay que hacer. Así, o dimites en el momento, o ya te quedas en el puesto hasta el ocaso, condenado a seguir tocando como la orquesta del Titanic.

 

También descubrimos que hay dos tipos de filtraciones: las del periodismo a pesar de todo, que sale a la luz por el trabajo y el esfuerzo realizado desde un despacho, que es el mismo donde se realizan las otras filtraciones, las de los ventiladores, las cloacas, el fango y, ya puestos, las de la propia mafia. Pero esto tampoco es nuevo. Siempre ha habido dos líneas editoriales: la del periodismo objetivo y la del periodismo de derechas. Claro que el famoso Garganta Profunda, W. M. Felt, que sin su ayuda a Woodward y Bernstein no tendríamos caso Watergate, actúo por sus férreas convicciones democráticas, nada tuvo que ver el no ser nombrado director del FBI.

 

Sorprendentemente, también descubrimos dos tipos de atentados contra la propiedad ajena –nunca tantos debimos tanto a tan solo una dimisión-. Uno puede robar de manera institucional, estructural, sistemática y en el fondo, contra todos; o puede simplemente hurtar, sustraer, casi simplemente distraer, que quién no ha sido débil alguna vez –yo no, señora-, que son faltitas de pobres, de lucha de clases. Se conoce que ahora Cáritas recoge rímel y cremas de setenta unidades monetarias, porque quizá no tengamos techo, pero nunca jamás volveremos a aparentar nuestra propia edad.

 

Porque esto es lo que pasa, que siempre ha habido dos corrientes ideológicas: o piensas como yo, o lo haces mal porque eres un intolerante.  

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