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Mesura y sentido político

Miércoles, 01 Octubre 2014 en España
Mientras los medios de comunicación se desviven por tratar de informar a la sociedad española sobre el tema suscitado en Cataluña debido a la evidente encrucijada en la que se ha metido el President Más, con unas promesas a su electorado encaminadas a lograr una independencia de la autonomía por el gobernada, el descalabro social sigue su camino sin parar.

La imagen ponderante del Presidente del Gobierno Nariano Rajoy, es solo una falsa fotografía con la que quiere demostrar serenidad ante los hechos que se le vienen encima. Es cierto que la Constitución define como ilegal el acto de poner a prueba el poder del Gobierno Central con una desobediente forma de atender la demanda de la ciudadanía en una sóla autonomía, sin tener en consideración al resto de la sociedad española involucrada en el conjunto de una nación. El arma política para manejar el rumbo apropiado con el que solucionar problemas de alto riesgo, como el suscitado en la autonomía catalana, es el debate, el dialogo consecuente que derive en aportaciones susceptibles de colmar las necesidades de las partes y eso, sin duda, no aparece en un tema de semejante envergadura.

Desde el resto de la sociedad española se ve con cierta falta de interés lo que pueda suceder en Cataluña pues, no obstante, parece primar lo ocurrido hace unas fechas en Escocia que acabó con un acuerdo beneficioso para las partes involucradas y que ya figuraba en las mesas de dialogo como aprobado antes de las votaciones. Es en cambio descorazonador que en España se suscite un afán independentista cuando la economía del conjunto total del país está por los suelos, cuando las empresas desaparecen de la geografía por la incompetencia de las autonomías y del Gobierno Central y en lugar de intentar arreglar semejante situación, se enzarzan en una pelea por querer ser protagonistas en un solar vacío de trabajadores y carente de empleo digno.

Más les valdría atender a los ciudadanos en primer lugar, antes de generar una sensación de incomodidad y enfrentamiento entre las distintas autonomías que puede acabar en un desfase añadido en el progreso de las mismas, acelerando la ya calumniosa manera de esquilmar a los ciudadanos con promesas falsas.

Demasiadas necesidades tiene la ciudadanía como para permitirse una preocupación más que añadir a estas. Desde la parte más débil de la sociedad el hecho de que una autonomía quiera pasar a ser un Estado independiente no les invita a simpatizar con los deseos de quienes buscan en la obcecación una forma rápida de salir airoso de una promesa insostenible en la actualidad que vivimos.

Este colectivo debilitado por el desempleo, la pérdida de calidad de vida y el desastre del sistema público con todo lo que conlleva (descenso en ayuda a la dependencia, becas para la enseñanza, aumento de tasas universitarias, etc...), se muestra escéptico ante la situación de tirantez inapropiada de los representantes políticos con el problema suscitado en Cataluña y que de ser en otro momento, resultaría comprensible o no al común de ciudadanos del resto de autonomías que representan el conjunto de España. La solidez que ahora requiere el país pasa por llegar a acuerdos, pactos y un dialogo capaz de repercutir a las partes en la mejor manera posible; no es lo que más beneficie ahora separar este discurso pues, de seguir en esta disconformidad el problema subirá de grado y tardará tiempo en solucionarse como en un país democrático y sujeto a una Constitución que ampara a todos los ciudadanos por igual debiera.

Es por tabto responsable tomar en consideración todos los aspectos que resulten necesarios para mantener el curso de un debate hacía el compromiso legal que lidere el derecho de los ciudadanos por encima de la intransigencia política, generando con esta actuación la puesta en marcha de la maquinaria política adecuada a los intereses del Estado. Nadie le ha preguntado a los ciudadanos del resto de autonomías el significado de que Cataluña salga de las instituciones y de la Administración central para seguir su propio rumbo; ni los pros o contras que se deriven de tal suposición e incluso, a numerosos colecdtivos supeditados a tener que enfocar un referendúm sin paliativos en época de democracia al saltarse la Constitución y las leyes vigentes para todos.

La absia independentista nos ha dejado en segundo término, intentando con ello mantener desorientada a la sociedad española de los problemas más imperativos. Tal es así que las noticias y declaraciones de algunos represebtabtes del Gobierno del PP apenas son percibidas como merecen, el caso del Sr, Montoro, ministro de Hacienda es uno de esos, cuando dice que nadie de los suyos comentó en ningún momento que la economía española iba recuperándose con esos famosos brotes verdes de su colega de Economía Luis de Guindos y su jefe el Presidente Rajoy declaraba en el extranjero con afán de atraer inversores a nuestro país, es decir, que donde dije digo, digo Diego y los brotes verdes se vuelven ocres con el otoño, de seguir con este camaleolico sentido común, a los ministros del Gobierno se les van a convertir en brotes negros como las noches de invierno.

Ahora solo se admiten maniobras apropiadas a sacar de la pobreza a los cerca de cinco millones de españoles sin recursos, encaminados hacía un umbral de pobreza inadmisible del que buena fe nos puede dar Cáritas, sabedor del aumento progresivo de las penurias en los hogares españoles sin que haya pruebas evidentes de desaceleración en las peticiones de alimentos, el recurso básico de la existencia.

Cuando todo esto cambie, ya tendremos tiempo para preocuparnos de la independencia, de los referendúm o de las solicitudes de tener mayores comptetencias en el futuro por parte de las autonomías (mientras existan) pero ahora, toca arrimar el hombro, seguir en la lucha por la regeneración económica y la recuperación del empleo, por atender las necesidades primarias de los dependientes, por conseguir que nuestros jóvenes mantengan la ilusión en el futuro con la formación adecuada y en satisfacder el equilibrio de la socidad sin balanceos excesivos por clases diferentes.

Es peligroso seguir manteniéndose apartado de las verdaderas inquietudes sociales por sacar pecho en unas promesas que pasarán desapercibidas sino se llevan a cabo convenientemente.El peligro inminente de una desaceleración que nos lleve a retroceder aún más en el tiempo. Puede ser la próxima causa de quedarnos varados por ideales ahora tan superficiales como las promesas del actual Gobierno y el enfoque separatista mal concebido en estos momentos.

Juan Antonio Sánchez Campos

01 Octubre de 2014 
Última modificación en Miércoles, 01 Octubre 2014

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