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Cleptomanía política imperdonable

Martes, 28 Julio 2015 en España
Del pragmatismo absoluto que demuestra un carácter empírico en sus consecuencias sin atender el más mínimo reproche o severa preocupación de los ciudadanos el Presidente del Gobierno español D. Mariano Rajoy no se presta a consejo alguno y obcecado en los amaños de sus estadísticas convierte el confluir de su partido hacía las próximas elecciones generales con la decadencia de una formación emergente caída en la soberbia aptitud de su líder. Es decir, más de lo mismo allá por donde miremos en pos de algún iluminado que traiga confianza, honestidad, ética y honradez al momento político actual.
El civismo demostrado por la sociedad española es inmerecido para los representantes políticos, el hastío causado por la corrupción no ha conseguido crear el caos entre los ciudadanos, suficientemente sobrados de saber estar ante el insulto provocado por algunos ladrones apostados en sus cargos que han estado robando sin escrúpulos el dinero del contribuyente. No existe Ley en España capaz de resarcir a la sociedad del daño provocado por una panda de ladrones enfrascados en una labor consistente en fichar a distancia cuando estaban contando billetes en los sótanos de un aparcamiento cualquiera.
Triste espectáculo al exterior estamos dando con esta oleada de desatinos políticos de la que somos portada en más de un periódico o noticiario radiotelevisivo en países de nuestro continente y fuera de él. La clase política se ha dejado embarrar hasta el cuello con las miserias propias a las que no han dispuesto los medios suficientes con los que atajar la avaricia y usura de sus colaboradores. Algo que se debe decir en voz alta, escribir en letra clara y atender con la importancia debida; no es apropiado comenzar a tender alambradas con las que frenar la libertad de expresión y el conocimiento de las cosas a las que el ciudadano tiene todo el derecho democrático que la Constitución le confiere.
Un Ayuntamiento no puede tener miedo de lo que digan de él o de su Gobierno si esté, como debe, trabaja por el bien común de los habitantes del municipio que le voto para defenderlo de ladrones, usurpadores, malversadores de fondos públicos y prevaricadores con la malsana intención de posicionar en lugares de poca importancia dentro de la organización municipal pero con un salario más que digno por cobrar. Inmerecido trato de la totalidad de esa llamada “casta política” en la que su creador de definición se encuentra ya inmerso; ese “colectivo vulgar” de individuos afines a intereses comunes que ha dotado de mala reputación a la totalidad de sus integrantes con colores diferentes en apariencia.
No todo aquél que se dedica a la política va a tener ahora la culpa de los delitos cometidos por sus colegas pero sin lugar a dudas, tendrá que trabajar duro y con esfuerzo para limpiar la porquería que estos han dejado a su paso. Crear pactos para luchar contra la corrupción no es nada del otro mundo, ni aporta nada nuevo a lo que el ciudadano ve como imposible de destruir sin una ley que aplique serias penas a todo el que de manera soez y ruin roba dinero al mendigo para dárselo a los ricos; ese Robin Hodd al revés que debería estar en la cárcel el tiempo necesario para devolver no sólo lo robado, sino el perdón de muchos ciudadanos que pasan hambre en España mientras estos repugnantes personajes viven ostentosamente del dinero público.
Ya no vale de nada pedir disculpas a los ciudadanos cuando antes ponían la mano en el fuego por sus compañeros y ahora les resulta asqueroso hablar del daño ocasionado por ellos; las voces del Gobierno han estado demasiado ociosas buscando culpables de la crisis que afectaba nuestro país y no quisieron donar un poco de su tiempo al servicio de la ley para impedir actuaciones como estas; unas malas artes que llevan demasiado tiempo ejecutando alcaldes, exministros, diputados, consejeros, asesores, empresarios y un largo etcétera de personajes en todo el territorio nacional sin freno en su constancia por arramplar con todo lo que fuera preciso.
La huella de la corrupción vendrá aliada siempre a la crisis económica en nuestro país, se sumarán las privaciones de la sociedad en pos del crecimiento europeo se dignificarán los miembros del partido que sustenta el poder en nuestro país como hacedores de regeneración y más de un sinvergüenza se irá de hurtadillas a recoger el dinero en un paraíso fiscal cualquiera. La Ley se conformará con meter entre rejas a unos pocos, los más “inocentes” a los que toda la trama les fue demasiado grande y les dejaron de muestra por unas pocas monedas en comparación con los fajos prometidos.
O puede que a pesar de las páginas virtuales de algunos ayuntamientos para combatir el derecho a la información y la libertad de expresión, comiencen a ser instrumentos de confraternización entre los ciudadanos y las administraciones. O puede que la Ley sea del todo independiente y adquiera su función de ejecutora de las normas cívicas derivadas de posiciones representativas en el mundo político y meta entre rejas a un número aún por determinar de personajes con buena presencia y presunción de talla que han resultado ser la parte oscura y miserable del ser humano en forma de avaricia extrema.
Ya no valen juramentos de ética y respeto cuando un político adquiere un cargo; ya no creemos al que jura o no delante de la bandera y con la mano en un “libro”; ni el que grita para ser oído su juramento en defensa a ultranza de los derechos ciudadanos; ya no vale nada que no sea quitar de en medio a todo aquel que sea sospechoso de haber cometido un fraude a la ciudadanía y pasen años hasta ser visto en los tribunales un caso tan claro como las arcas de la administración, ayuntamientos o sindicatos han dejado. Tarjeta roja a la corrupción y tarjeta de embarque al tren que les deje a las puertas de prisión a todos aquellos infectados por la usura y avaricia de unos seres repugnantes que se metieron en política para atracar sin tener que usar más armas que el compadreo.

Juan Antonio Sánchez Campos

27 Julio de 2015 
Última modificación en Martes, 28 Julio 2015

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